Osvaldo Benavides

By on septiembre 20, 2012
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Texto: Mariana Vidal Fotos: Turco

Empezó a actuar por cuestiones de azar a los nueve años en telenovelas. Y desde entonces ha hecho películas como Por la libre y ha dirigido videoclips y comerciales. Actualmente repite el mismo personaje que hizó hace diez años en la obra de teatro Las obras completas de William Shakespeare que se presenta en el teatro López Tarso.

¿A qué edad empezaste a actuar?, ¿cómo sucedió?, ¿tú quisiste?
A los nueve años. Yo quería. Me gustaba actuar desde las obras que hacíamos en la escuela. Fue un golpe de suerte. Una vez mi mamá estaba en una estética donde el peluquero que le estaba cortando el pelo a un productor me conocía, y sabía que me gustaba actuar. Me llevó, entré y desde ese momento empecé a trabajar.

¿Entonces realmente nunca aprendiste a actuar?
No, y sigo sin saber, jaja. Aprendí ahí en el set. Después tomé un par de cursos cortos, intensivos, con buenos profesores; pero realmente lo aprendí ahí de niño. Cuando eres chico aprendes muchas cosas y no tienes miedo.

¿Es difícil ser niño actor?
No. Bueno en mi caso fue algo que yo quería hacer y fue muy divertido. Lo disfruté e hice amigos que a la fecha siguen siendo muy cercanos. Fue increíble, algo que volvería a vivir igual. Ahora, si me preguntas: “¿Dejarías que tus hijos lo fueran?”, no me encantaría, porque con el tiempo me di cuenta de las cosas que perdí. De pronto uno se vuelve un adulto muy rápido, y entras en otro trip, en la cosa del dinero y del trabajo. Y no entiendes que el trabajo es sólo eso: trabajo. Hubo un momento en el que sí me encontré vacío. Si hubiera tenido las herramientas, me hubiera ahorrado ese proceso. Pero bueno, era parte de lo que me tocaba.

¿A qué edad te diste cuenta de que eras famoso?
Me empezaron a reconocer por una novela que se llama María la del barrio, que de hecho están repitiendo ahorita, hice un personaje que me persigue hasta el día de hoy, “Nandito”. Esa novela fue un madrazo, yo tenía quince años.

¿Hasta la fecha te siguen diciendo “Nandito”?, ¿te molesta?
Sí, pero lo tomo con sentido del humor. Al principio lo odiaba. Más cuando había terminado la novela y quería hacer otras cosas, me costó trabajo. Además, esa novela fue la que me abrió muchas puertas. Entonces, no, no me molesta ni me saca de onda. Estoy tranquilo porque veo hacia dónde se está yendo mi carrera, y además entiendo perfectamente lo que pasó, por qué lo hice, y estoy seguro de que lo volvería a hacer, me la pasé increíble. En definitiva, no es mi mejor actuación, estaba aprendiendo, eran de mis primeros trabajos. Pero todo bien.

¿Y la has visto ahora que se repite?
No puedo, no (risas). Me da cosa. Eso me pasa casi con todo lo que hago. No es porque le tenga saña a ese proyecto, pero mientras peor actúo más trabajo me cuesta verlo. De por sí, soy muy duro conmigo mismo. Es difícil que vea algo y lo disfrute.

¿Te molesta aparecer en revistas de chismes o que la gente hable de tu vida privada?
No me molesta. En mi vida privada siempre he sido muy reservado, si salen cosas, pues salen. Nunca me ha pasado que haya salido algún escándalo, que me saque de onda. Tampoco me importa, sé que es parte de la chamba, y yo no soy alguien que esté constantemente exhibiéndose en situaciones que no le convengan.

¿Qué videoclips has hecho?
Me tocó hacer videos para Café Tacuba, Liquits, Bengala, El Tri, La Maldita Vecindad…

¿Por qué dejaste de hacerlo?
Me cansé de complacer a las disqueras y de tener que hacer lo que ellos pedían. Lo que era una exploración creativa como director, se volvió chamba. Y en ese momento dije: “No”, porque además ni siquiera ganas dinero con los videoclips. Cuando vi que ya no era ni negocio ni exploración, dije: “Ciao, no gracias”.

¿Cuál es tu pieza favorita de Shakespeare?
¡Uf!, yo creo que Macbeth o el Rey Lear, pero me quedaría con Macbeth, aunque es difícil elegir.

¿La gente ha comparado el trabajo que haces ahora en la puesta en escena de Las obras completas de William Shakespeare con la vez anterior que se presentó?
Sobre todo mis amigos cercanos que fueron a verme en la puesta pasada. La gente o no se acuerda o la vio con otros actores, éramos cuatro elencos distintos actuando.

¿Haces el mismo personaje?
Soy el único que repite. La obra está distinta, tiene mucha sátira política, la mitad de la obra es choro político sobre lo que está pasando hoy, con las elecciones que acaban de suceder. Es curioso darme cuenta de que con el simple hecho de que pasen diez años, puedo hacer el personaje distinto, más rico, más chistoso. También entiendo mejor los matices de Shakespeare, para poderlo parodiar.

¿Cuál crees que sea el éxito de esta obra?
Que tiene varios ángulos. El hecho de que sea comedia y la gente se ría tanto, eso es lo principal. Detrás de eso está el texto, que es un muy bueno, y que la adaptación, la tropicalización mexicana, quedó increíble. Nos contó Tony el director que por ahí había un reportaje –creo que The New York Times– donde floreaban mucho a la mexicana, como diciendo que estaba más cabrona que la original. El texto sin duda es uno de los ingredientes principales, hay chistes que son del texto, que ni siquiera son interpretación de los actores. Otra es el montaje, los tres actores, hacemos buena química. Es una obra que se hace mucho con el público, se crea un espectáculo muy intenso por parte de todos. Es muy cansada, es estar brincando, subiendo, bajando, hay como cien cambios de vestuario; cada quien hace 30 personajes. Es una locura; es un malabar que el público agradece.

Ahora que hablabas de que la obra tiene que mucho ver con lo político, ¿tú durante las elecciones tenías alguna tendencia política, acerca de algún partido?, ¿estuviste contento con el resultado?
No, no creo que nadie esté contento. Sólo los que tranzaron y ganaron. Para mí sigue siendo muy claro que fue muy sucio el proceso, desde antes, desde las campañas. Evidentemente yo tenía mi inclinación, y me gustaría que este país probara la izquierda, porque además ha ganado varias elecciones y se las han robado. Me parece que la gente tiene derecho a que lo gobierne por quien vota; y tiene derecho a equivocarse, o sea, si la gente vota por alguien y ese alguien resulta ser mal gobernante, la gente aprende, porque es la decisión que ellos tomaron. Creo que ése es el chance que nos están quitando como país, como ciudadanos, el darnos cuenta de que nos podemos equivocar y que eso es lo que nos va a dar el crecimiento como sociedad para tener una conciencia más clara de lo que es la democracia. Además, yo tengo mis reservas con la democracia en un país con tanta desigualdad. Pero no, no estoy contento. Tampoco estoy sorprendido. Y que regrese el PRI es una cosa absurda, después de 70 años… Vaya, sólo en México. Pero bueno, supongo que es parte del aprendizaje de esta sociedad y la vamos a pagar todos.

Regresando otra vez al teatro, ¿te has equivocado terriblemente en escena?
Sí, es horrible. No en esta obra, porque ésta permite que te equivoques y que te burles de tu equivocación. Es una obra muy noble, porque de hecho parece que la estamos haciendo al momento y hay muchos gags, muchos chistes donde actuamos como si nos estuviéramos equivocando. Entonces cuando realmente nos equivocamos –algo que nos pasa muy seguido a los tres–, la gente o no se da cuenta o si se da cuenta se termina riendo con nosotros. Me pasó en otra obra, donde tuve el primer blackout de mi vida; era una escena intensa, de un actor superserio…

¿Cuál era?
Se llamaba Todos eran mis hijos, de Arthur Miller, y era un personaje que estaba media hora en escena, y cambiaba y desmadraba todo, y en el momento de mi monólogo me quedé en blanco, se me fue la onda, ido total. Es un pánico y vértigo tremendo, son segundos en los que te quieres morir, dices: “¿Qué hago? Me voy a mi casa corriendo”. Es la peor angustía del mundo. Al final retomé y recuperé, pero me quedó la experiencia atorada. De repente digo: “Puta, qué miedo hacer teatro”. Pero veo a los actores con más experiencia y son más relajados al respecto. He visto que les pasa y les vale un poquito sabiendo que todo va a estar bien.

¿Te arrepientes de algún papel?
No, es difícil decir que sí porque ahorita estoy contento con el lugar donde estoy. Y para estar donde estoy pasé por todo lo que hice. Y tampoco hay algo de lo que me avergüence.

¿Dónde vives?
En Tepoztlán, Morelos.

¿Tu hija tuvo que ver con la decisión de vivir en Tepoztlán?
No, fue desde antes de saber del embarazo. Más bien fue esta búsqueda de calma y de no estrés, porque la ciudad nos estaba –a mí y a mi chava– poniendo en un estado raro, y no salíamos de la casa, a pesar de que hay tanto que hacer en esta ciudad, de pronto no queríamos salir. Es una especie de depresión urbana, de no querer ya hacer nada. Disfrutábamos mucho estar en casa, veíamos películas, comidas con amigos, pero bueno para hacer eso, mejor hagámoslo en un casa rica, con un jardín, sin el ruido de los cláxones. Y además mi chamba me permite eso, de pronto si me tengo que echar meses donde casi diario estoy acá, y otros sólo los fines.

Supongo que hay millones de cosas que cambian cuando tienes un hijo, pero ¿qué es lo que ahora notas más diferente en ti?
Todavía me estoy dando cuenta. Estoy saliendo del shock posparto, del rush del embarazo. Además yo venía con tres proyectos que terminé uno detrás de otro, muy intensos, una película en Nueva York, el estreno de la obra de teatro. Fue una época muy intensa. Llegué en la última etapa del parto; el primer mes que es una locura. Ahorita empiezo a aterrizar y supongo que me daré cuenta… Lo que sí es que piensas mucho en tu hija. Estás todo el tiempo pensando, viendo fotos y sí se vuelve uno muy sentimental, quieres estar todo el tiempo ahí, saber qué está pasando, si está bien. Además cada día es muy distinto y crecen rapidísimo, no te lo quieres perder. Quieres estar lo más cerca posible.

Me metí a tu Twitter y en el fondo de pantalla aparecen unos peyotes, ¿por qué?
Pues que el peyote es una planta de poder increíble. Es una pena que esté pasando lo de las mineras y todo este cuento, que está ahí el frente en defensa de Wirikuta, y hay organizaciones que están luchando; y luego el gobierno anunció que iba a proteger una zona, pero muy diminuta, es un engaño. Es una pena que por dinero, se coman algo con tanto poder y tan sagrado, como son los wixárikas (todo el trayecto de Wixárika a Wirikuta). Además este lugar tiene una fuerza de tantos años, cientos y cientos, y que es único en el mundo. El peyote, en lo personal, es una planta que respeto y me ha dado mucho, creo que mucha gente lo debería de probar con respeto, dándole su lugar, no nada más yendo a reventar y a ponerse hasta el huevo, sino entender el nivel de espiritualidad que tiene esa planta; las puertas que te abre del corazón. Y el trabajo medicinal que puede tener. Cuando pienso en peyote me da tristeza saber que hay una línea muy delgada que está por romperse (que son las mineras y el gobierno haciendo negocio). Pero bueno, mientras esté ahí hay que disfrutarlo, defenderlo y hablar, y seguir aprendiendo de él.

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