Nikola Popov

By on febrero 13, 2013
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Nikola Popov es un contrabajista búlgaro que desde hace más de 30 años echó raíces en nuestro país. En su carrera destaca por haber sido el principal contrabajo en distintas orquestas del mundo; en México, sin embargo, su labor se distingue por algo quizás más profundo: la educación musical. Si hoy es posible hablar de una escuela de contrabajistas en México es, sin exagerar, gracias a él. Recientemente, el Instituto Nacional de Bellas Artes le otorgó la Medalla Mozart —la más importante en el ámbito de la música académica mexicana, y entre cuyos receptores se encuentran Plácido Domingo, Enrique Bátiz, Fernando de la Mora y Ernesto de la Peña— en la categoría de Mérito y Trayectoria.

¿Dónde nació? ¿A qué edad comenzó a estudiar música?
Nací en Lom, Bulgaria. Empecé a estudiar música desde temprana edad; de niño toqué un poco el piano, pero después lo dejé. Luego, al terminar la preparatoria, comencé con el contrabajo. Tenía 21 años.

¿En qué lugar estudió?
Estuve en el Conservatorio Estatal de Bulgaria y ahí terminé los estudios en 1961.

¿En qué orquestas ha tocado?
Empecé trabajando en la segunda orquesta más importante de Bulgaria, en la Sinfónica de Plovdiv, que es la ciudad más grande en población después de Sofía. A los dos años de estar ahí me pasé a la Orquesta Filarmónica Estatal de Bulgaria. Después de otros dos años de estar allá, me fui a tocar a la Sinfónica de Cairo, en Egipto; donde estuve trabajando por tres años, del 65 hasta el 68, y también dando clases en el Conservatorio de Cairo. Después me fui a la Orquesta de Cámara de Radio en Teherán, Irán, donde me quedé hasta el 76. Ese año me regresé de nuevo a la Filarmónica de Bulgaria y en el 79 me vine a México, por invitación de la recién formada Orquesta Filarmónica de la Ciudad de México (OFCM).

¿Cómo fue eso? ¿Por qué llegó a México?
Antes de mi llegada, la OFCM apenas tenía un año de haberse formado. En el 78 fueron algunas personas a Bulgaria para hacer audiciones; buscaban gente que viniera aquí a tocar como primeros instrumentos de la orquesta y que simultáneamente dieran clases en la escuela Vida y Movimiento. Ese proyecto buscaba que personas del extranjero enseñaran y formaran buenos músicos aquí en México. En total trajeron a seis músicos: yo, como primer contrabajo, una viola, un chelo, un violín y el arpa, que era mi esposa. Desde entonces estoy en México, llevo aquí 33 años.

¿Por qué decidió quedarse aquí?
Porque me gustó. Tengo dos hijos, y cuando llegué ellos estaban muy chiquitos —uno tenía cuatro años, y el otro, un poquito más grande, tenía cinco. Entonces los niños empezaron a estudiar, y yo empecé a dar clases… y aquí me quedé.

¿Cuál ha sido la orquesta en la que más le ha gustado tocar?
Aquí me gustó mucho. Nuestra OFCM estaba muy buena, cuando yo llegué era una orquesta de primer nivel. Hicimos muchos viajes a Japón, Europa, Estados Unidos, América del Sur. Después, como aquí se cambia todo cada sexenio, cambiaron a directores y mucha gente se fue. Pero yo me quedé en la orquesta más tiempo y me salí hace cuatro años.

¿Por qué se salió?
Por razones políticas. Pusieron como directora de la Secretaría de Cultura en el DF a una señora que no tenía nada que ver con cultura. Entonces renuncié a la filarmónica. Después de casi 30 años tocando ahí, no recibí ni un centavo de todo ese tiempo. Estoy muy dolido porque tuve que salirme de la filarmónica por razones ajenas a mí y por una persona que no entendía nada de música ni sabía nuestros problemas. La orquesta por eso estuvo cinco años sin director; apenas ahorita hay uno nuevo. Es una experiencia muy difícil y dolorosa para mí, porque en tiempos muy complicados de la orquesta estuve ahí, me quedé y trabajé para esa institución, y al final tuve que dejarla por una persona. La dejé con una denuncia que hice para Ebrard, pero hasta ahora no he recibido respuesta.

¿Cómo se siente al recibir un premio tan importante para la música académica como es la Medalla Mozart?
Este reconocimiento que me dan me agrada mucho, porque aquí en México empecé con un trabajo pedagógico del que estoy orgulloso. Casi todos los que tocan en orquestas mexicanas son mis alumnos; una parte no, porque son alumnos de mis alumnos. Pero cuando llegué a México no había absolutamente nada. Yo estaba muy sorprendido de que en la escuela Vida y Movimiento, en la clase de perfeccionamiento, los tres o cuatro alumnos que estaban ahí, tenían un nivel como de primaria, no de perfeccionamiento. Además llegué con miedo, no sabía cuál era su nivel, yo pensé que era gente muy capaz, pero resulta que no. He trabajado con muchos alumnos, estoy orgulloso de que los primeros bajistas de todas las orquestas sean alumnos míos: Víctor Flores, Valeria Thierry, Javier Cruz, que ahorita está en mi lugar en la OFCM.

Se podría decir que ha formado toda una escuela de contrabajistas.
Sí; bueno, no todos han salido de mí, pero sí son varios. Tengo como 40 o 50 alumnos que tocan ahorita en orquestas. Por eso lo de la medalla me agrada, es un reconocimiento a mi trabajo.

Y con toda esta experiencia detrás, ¿qué piensa de la educación musical en México?
Creo que en México hay muchísimo talento que puede y debe desarrollarse, hay muchos jóvenes capaces que pueden llegar a ser internacionalmente reconocidos, pero depende de ellos, que tengan un trabajo constante. Pienso que está en buen camino; cuando yo llegué había sólo cuatro orquestas: la de la ciudad de México, y otras tres en provincia, una en Toluca, una en Guadalajara y otra en Veracruz, que después cerró. Actualmente hay muchas en varias ciudades. La orquesta que va a tocar ahorita en la premiación es de Puebla, antes ahí no tenían una.

Pero bueno, que haya muchas orquestas no quiere decir que el nivel sea muy alto.
No, pero sí crece el nivel, porque hay más competencia. También hay más desarrollo, porque todos los jóvenes que estudian música deben tener un lugar para trabajar. Y cada vez es más difícil encontrar un puesto en la orquesta, aún en provincia.

¿En qué instituciones ha dado clases?
Primero comencé a dar clase en la escuela Vida y Movimiento. Después, en el 85 empecé a dar clases en la Escuela Nacional de Música de la UNAM, y del 87 hasta la fecha doy clases en la Escuela Superior de Música.

¿Qué se necesita para acercarse a la música y ser un buen ejecutante?
Ganas. Si se quiere estudiar música, se debe empezar a hacerlo y ya. Siempre es mejor empezar desde temprana edad. Del contrabajo, como es un instrumento muy grande, lo ideal es comenzar a los 9 o 10 años; si son instrumentos pequeños, pueden empezar desde antes. Eso es muy importante, porque en cuanto se llega a los 17 o 18 años, terminando la preparatoria, se puede iniciar con la licenciatura. La carrera de música no es como de otras profesiones, porque un ingeniero o un doctor se hacen en cuatro años, pero un músico no es nada en ese tiempo. Es una carrera que se debe empezar desde niño.

¿Qué opina de estos programas educativos como El Sistema en Venezuela [Sistema Nacional de las Orquestas Infantiles y Juveniles de Venezuela, un programa estatal para el desarrollo de orquestas juveniles en donde el 70 y 90 por ciento de los participantes son de clase baja]? ¿Serían una buena opción en México?
Yo no soy nadie para cambiar el sistema de educación en México, pero mi opinión es que deben haber escuelas exclusivas de música, y en ellas deben darse materias básicas como matemáticas, español, geografía, física, etc. En ese sentido los alumnos pueden tener bien su educación básica y aparte la musical. En la universidad ya sería otra cosa. Hay muchas cosas que se pueden hacer…

Precisamente eso iba a preguntarle, ¿qué cree que hace falta para mejorar la educación musical?
Son muchas cosas las que se deben hacer… Por ejemplo, eso de los extranjeros; varias orquestas tienen a muchos de ellos tocando, y yo pienso que los extranjeros deberían utilizarse más como maestros, pero no para tocar en las orquestas. Y si tocan ahí debe ser por contrato y sólo durante un tiempo, para después dejar lugar a los mexicanos. Veo que producimos muchos alumnos y después, al terminar, no van a tener dónde trabajar, y eso no está bien. Se abrieron muchas orquestas, pero gran parte están ocupadas por extranjeros, entonces, ¿esos que terminan qué van a hacer?, ¿dónde van a trabajar? Cuando llegué aquí, en mi orquesta, un 95% éramos extranjeros. Metí a la orquesta a todos los mexicanos, ahorita en todas las secciones de contrabajo hay mexicanos, y sólo dos que no son de aquí. Lo malo es que muchos extranjeros vienen y no quieren enseñar, prefieren que los lugares se queden para sus compatriotas. Si te fijas, casi todos los alientos de las orquestas son gringos.

¿Y eso sucede en otras orquestas del mundo?
No, quizá sólo en Estados Unidos, pero en otros países no. Es difícil encontrar trabajo en Italia o Francia, ellos sí guardan sus lugares. Ahorita hay más extranjeros, pero son pocos, la mayoría son de esos países.

Y entonces, ¿cuál cree que es el panorama de la música en el país?
Pese a esto que te decía, últimamente está muy bien, pienso que creció mucho la cultura musical de toda la gente. Antes el público en los conciertos era poco; ahora las salas están llenas, y muchos jóvenes están entre el público. Eso habla de una cultura musical mucho mejor que hace 33 años.

Usted tocó bajo la batuta de Eduardo Mata. ¿Cómo fue esa experiencia?
Muy buena, éramos amigos, estuve muy contento de estar con él. También tocamos juntos en la Orquesta de Solistas de México, e hice grabaciones con él. Era una persona y un músico extraordinario.

¿Disfruta dar clases?
Sí, eso hago desde que empecé a tocar. Trabajaba tocando en la orquesta y enseñando al mismo tiempo. Me gusta, es agradable ver a alguien que crece y empieza a tocar, todo su desarrollo. Es como ver a un niño: primero está gateando, después caminando y luego corre. Es muy bonito. Encuentro que la enseñanza es una profesión bastante buena.

Por cierto, ¿por qué el contrabajo?
No sé bien por qué… Mi hermano es chelista, y por razones políticas no me daban a estudiar otra profesión, sólo estaba la música. Mi tía era pianista y ella quería que yo estudiara música. Yo hubiera querido estudiar Ingeniería o Arquitectura.

Pero después terminó por amar la música, ¿no?
Sí, claro que sí, pero al principio no, el amor llegó después. [Ríe] F

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