Hilario Galguera

By on febrero 27, 2013
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Hace un par de semanas visité a Hilario Galguera en su galería de la colonia San Rafael, una casona que conocí en 2006 cuando la inauguró con la muestra La Muerte de Dios de Damien Hirst. Se me ocurrió preguntarle cuándo y por qué había decidido abrir este espacio. Lo que siguió fue una respuesta imposible de reproducir o embutir de modo alguno en esta breve página. La historia involucra una lista enciclopédica del quién es quién del mundo del arte contemporáneo internacional y más. Desde Douglas Chrismas, el dueño de la Ace Gallery, con quien Hilario se asoció en los años noventa para abrir uno de los primeros y más profesionales espacios de arte internacional en la ciudad; Roy Lichtenstein, con quien el galerista diseñó la muestra que miles vimos en el Palacio de Bellas Artes; Gilberto Aceves Navarro, para quien produjo una escultura monumental; el dueño de ESPN, a quien introdujo al mundo del box con tortas de queso de puerco y cervezas incluidas; y hasta Damien Hirst, cuya generosidad e insistencia hicieron posible la apertura de este lugar. Hilario Galguera ascendió del mundo de la arquitectura al del arte a una velocidad vertiginosa. Su caída fue proporcionalmente estruendosa, pero como en toda gran historia su ordalía se vio recompensada. Que sirva este inusual Versus como teaser a la fascinante historia detrás de la galería Hilario Galguera.

¿Cómo seleccionas a los artistas con los que quieres trabajar?
Teniendo esta infraestructura (de galería) dije: “Pues ahora sí puedo empezar a promover artistas mexicanos y empezar a hacer lo que yo siempre pensé”. Y sí… hice muchas exhibiciones, pero creo que en el camino se empezó a perder consistencia por parte de algunos de los artistas… Lo que es claro es que algunos todavía no descubrían la gran idea, siguen trabajando en el descubrimiento, pero ¿dónde está? Y con eso me refiero a la gran idea de Damien Hirst o a la gran idea de Daniel Buren o la de Kounellis o la gran idea de los grandes maestros, “no, es que quiero ahora por acá” y luego resulta que la preparación de algunos de estos jóvenes desde el punto de vista práctico no es la requerida, hay una carencia brutal en el sistema educativo en general y si nos vamos a las artes plásticas, está muy mal. No quiero generalizar, porque en efecto hay cuestiones sobresalientes o fuera de serie, pero en términos generales no existe una formación académica rigurosa. Realmente, los jóvenes que llegan a tener una preparación es más por el interés de explorar o descubrir cosas o en viajar, pero la formación que se les da en las distintas escuelas es muy limitada.

A partir de esas carencias, ¿cómo haces para finalmente seleccionarlos?
Mi idea era ver cuáles tenían talento, después quiénes son los que tienen disciplina. Con esto no te quiero decir que me interesa relacionarme con artistas que sean muy ortodoxos en su comportamiento diario: el relajo a mí también me gusta, ciertas desviaciones en el comportamiento me parecen aceptables; son dos tipos de locura y la otra locura, la que está controlada, la que sí tiene una disciplina, la que sí tiene una base de pensamiento intelectual, es la que a mí me interesa, porque hay que reconocer que los verdaderos artistas son excéntricos, deben serlo en el sentido etimológico de la palabra. Pero dentro de esa excentricidad sí debe haber talento, disciplina y el desarrollo de una idea a través de una plataforma intelectual muy sólida. Si no todo se vuelve una ocurrencia, y más en esta época en la que estamos atendiendo a una corrupción generalizada en la que lo que interesa es el espectáculo, el show, las cosas brillantes pero superficiales. Cuando sumas estos elementos es cuando puedes aportar al pensamiento y a la cultura contemporánea. Esta superficialidad, he estado pensando mucho en esto y lo comparo con esta película El caballero de la noche, vas y ves la película y es increíble: la música, las actuaciones, el vestuario, el diseño escenográfico… es decir, sales de ver Batman y dices “qué bruto, está increíble”, le hablas a tu cuate y se la recomiendas, sí… Pero a los tres días, fin. Se acabó. Te vuelves a acordar de Batman con buenos recuerdos, es una gran película, es un gran trabajo, pero ¿qué pasa cuando vas a ver Nostalgia de Tarkovski? Algo tiene que transforma tu vida: ya olvídate si te gusta o no, transforma tu vida. Ése es el paralelismo con lo que sucede ahora. Todo lo que estamos viendo, las propuestas nuevas de todos los museos, lo que está en las ferias, en las galerías, muchas cosas, son Batman.

¿Y cómo mantener el ánimo de seguir con un proyecto de galería ante un panorama tan gris? ¿Por qué insistes?
Porque cada vez que hablo con Damien Hirst tiene una idea que me sorprende. Porque la última vez que vi a Jannis Kounellis en Londres estaba preparando una exposición, se planta frente a una pieza y me dice: “Esta pieza es como el olvido”, y lo volteo a ver y digo: “Exactamente”, un acto poético… Soy un privilegiado, pues ¿cómo no voy a seguir? Eso me da ánimos de seguir más adelante. Pero sí, tengo que reconocer que la última vez que estuve en la feria de Art Basel Miami y vi todo aquello, dije: “¡Qué barbaridad!”. Me fui al salón VIP, me senté con mi coca y dije: “Pues está horroroso, no hay nada…”. Mil batmans, atractivo, pero ¿dónde está la pieza que te está conmoviendo? ¿Lo que te está transformando? Una propuesta que cuestione tu presencia en este mundo y cuestione la presencia de la pieza como tal, que te permita crecer y disfrutar de lo mejor que tiene el ser humano.

¿A qué le atribuyes esa carencia de ideas?
Es muy complejo. Efectivamente estamos viviendo una época fantástica, en donde la presencia de los medios tecnológicos en los últimos 10 años ha ocasionado más cambios que durante toda la Revolución industrial durante un siglo; por otro lado, encontramos soluciones fáciles que llegan a satisfacer muchas de nuestras expectativas. Estamos ante un proceso de mediatización y de mediocrización increíble, porque ser mediocre ahora es llegar a un estado de comodidad muy aceptable. Cualquiera agarra una camarita y toma una imagen padrísima, cualquiera agarra una tableta y te compone una canción para que la cante Yuri, pero ¿cuál es la calidad que tiene todo eso? Entonces estás en una capa en donde te tienes que deshacer de toda esa comunidad para explorar el fondo de las cosas, y eso ya no se hace. Ya nadie lee… ¿Cuántos artistas saben dibujar? Creo que artistas figurativos tengo uno, pero es importantísimo que sepan dibujar, es como escribir. Le preguntas a un artista, oye y ¿cómo quieres la base de tu escultura? “Pues yo quiero una piedra de un metro por un metro por un metro”… A ver ¿sabes lo que pesa? ¿Y quieres 35 para subirlas a la galería? No maestro… Te encuentras con esas cosas… Es una pena, porque cada vez hay más gente viendo esos batmans y diciendo: “Yo soy coleccionista”, y te llevan a ver su colección de 10 batmans… no pues sí, está padre.

Cada vez hay más artistas, cada vez hay más coleccionistas. Todos podemos ser todo.
Sí, todos podemos ser todo. Ahí sí hay que reconocerle al señor Joseph Beuys que metió la pata, o sea, es un ejercicio democrático interesante decir que todos pueden ser artistas, pero estrictamente es imposible. Hay una estadística por ahí, que cada año de las escuelas de arte solamente en Estados Unidos salen más artistas que en tres siglos del Renacimiento italiano, y te voy a decir una cosa: hay ciertas cosas que sí se pueden multiplicar y reproducir exponencialmente en cuestiones del conocimiento científico y tecnológico, desde luego. Por alguna razón el arte no va creciendo de la misma manera que crece la población de la humanidad… Es más, yo te diría que hoy es todavía más complicado ser artista, porque cada vez hay más cosas. Cuando Giotto fue a pintar la Capilla Scrovegni fue de los primeros en plantar un proceso de perspectiva; no te estoy diciendo que sea fácil, pero es una gran novedad. Hoy tienes una cantidad de elementos desarrollados en cuanto a técnicas, imagen, corrientes de pensamiento, abstracción, figuración, surrealismo, constructivismo, impresionismo… menciona lo que quieras, se han hecho tal cantidad de cosas que ¿dónde está lo nuevo?

Y el presente es tan complejo y tan rápido que es aún más difícil captarlo con cierta profundidad…
Sí, la velocidad es tal que el que logra mandar una bomba de profundidad, ¡ése es un artista! Entonces yo incluso diría que claro, a un mayor crecimiento de la población y a un mayor crecimiento de los medios de producción y de todo esto, esto se vuelve cada vez más difícil. Vas acorralando a ese espíritu que es… no sé, como lo definía García Lorca, la musa, el ángel y el duende, que son tres estados mentales para la creación. Mientras más se desarrollan esas cosas, a la musa, al ángel y al duende los acorralas. Tienes por ejemplo a Damien, a quien no se le entiende lo que está haciendo: Damien es posiblemente uno de los pocos artistas de la historia que ha manejado esta ambivalencia entre Eros y Tánatos de una manera tan frontal, tan elegante y tan bestial… Se le suele comparar con artistas como Richard Prince, como Murakami, como Jeff Koons que, no les resto importancia, son extraordinarios, pero al final del día, Jeff Koons… es un gran artista, sus piezas son fenomenales, pero a mí me produce la misma emoción, y voy a usar una palabra muy cursi: en la ilusión incluso infantil, me produce lo mismo el perrito del globero que el perro gigante de acero. Es lo mismo, finalmente perdón, pero es lo mismo desde ese punto de vista. Hay que ver cómo están hechos, pero de ahí a que esté provocando algo como Los fusilamientos del 3 de mayo de Goya, pues no. Y en cambio con Damien sí sucede eso. Y tan sucede que la gente está aterrorizada y no hayan por dónde agarrarlo. “Es un charlatán, está abusando”. ¿Abusando de qué? ¡Primero entiéndelo! Cuando hizo la calavera todo mundo dijo: “Ya es too much…”. Pues sí, si lo ves desde ese punto de vista sí se pasó… pero cuando entiendes que lo que estaba haciendo era repetir el gesto ritual de los antiguos mexicanos de tomar a la muerte, decorarla con las piedras preciosas más costosas que tenían a su disposición como una ofrenda, es lo mismo que hizo Damien. En sus primeros dibujos preparatorios dijo: “Una calavera como la calavera de turquesas que está en el Museo Británico”. La calavera de diamantes es una calavera azteca, ¿por qué con diamantes? Porque hoy son las piedras más preciosas, pero el gesto es el mismo, entonces si no entiendes te parece una arrogancia y no.

¿Cuándo viste esa obra por primera vez?
Yo la vi desde antes que naciera, cargué la mandíbula, vi el proceso, pero ya verla expuesta museográficamente sí es un impacto porque yo iba prejuiciado, yo no iba a ver lo que todo mundo vio, que era la joya más cara del mundo: yo iba a ver la ofrenda de un sacerdote a la muerte como si fuera yo a ver al sacerdote al Templo Mayor cómo ofrecía esa calavera de turquesas. En ese momento para mí Damien era el gran oficiante. Habrá otras (personas) que la disfrutaron por ver los diamantes y lo que cuestan; yo no te puedo decir cuánto cuestan, no me importa, es invaluable, vi las joyas y los joyeros y cómo lo hicieron con una pasión increíble, porque el proceso de creación fue impresionante y la más alta tecnología estuvo al servicio de la idea. Ahí está el talento, ahí está la idea y ahí está la disciplina…

Es decir, el espectador tiene que decidir conscientemente qué es lo que va a ver, si van a ver objetos comerciales o vas a ver una obra de arte. Parece que la incomprensión del arte contemporáneo, más allá de que sí existen farsantes, surge porque la gente decide de antemano que no es arte lo que verá.
Sí, es una falta de comprensión absoluta y claro, en este caso tú me pusiste un ejemplo muy excéntrico, pero es eso. Eso ha sucedido siempre, aunque te voy a decir otra cosa: te aseguro que hubo mucha otra gente para la que sí tuvo un impacto, y a lo mejor no entendió por qué, pero es el que distingue una obra de arte de la que no lo es.

A veces son esos impactos los más significativos, los de la gente que no puede articular su experiencia a partir de las críticas o las referencias teóricas.
Es un impacto emocional por supuesto, y por supuesto que hay gradientes. No es lo mismo ver esta pintura de James Brown a la que te tienes que acercar, tomarte tu tiempo para apreciarla que ver el impacto brutal de la pieza de Damian que está aquí al fondo, pero existe.  Ya que estamos hablando de cuántos artistas hay, yo no diría que son artistas, muchos son pintores. Cualquiera que tome unos pigmentos y un pincel y se ponga a pintar en una tela, es un pintor, los que están aquí en el jardín del arte porque tienen un modo honesto de vivir porque venden una pintura a alguien que se la lleva con gran felicidad y la cuelga en el comedor de su casa, cerró un círculo, hizo feliz a esta persona, le cambió su perspectiva vital, y a cambio recibió un dinero con el que pudo poner comida en la mesa para su familia, me merece todo el respeto, es un pintor, no es un artista, y así hay fotógrafos, escultores y hay quienes hacen instalaciones, pero no son artistas. Esa es la diferencia.

Ya que hablas de cine, ¿cuál fue la última película que te volvió loco? Una de verdad, no Batman.
Pues es que más bien son películas que ya había visto y que he vuelto a ver.

¿Como cuál?
El elogio del amor de Godard.

¿Y el último libro?
Moby Dick. Es curioso, porque Moby Dick va en contra de mi aversión natural contra la cultura norteamericana, pero debo reconocer que hay cosas que definitivamente… ¡no pueden ser! Es la tercera vez que leo Moby Dick. La primera vez la leí a los 14 años, me pareció muy bonita, casi como leer a Salgari. Luego lo leí mucho tiempo después y ahí ya entendí… y ahora que la acabé de leer por tercera ocasión entendí que Moby Dick es una pieza cósmica, desde que la empiezas a leer hasta que termina va creciendo de una manera insondable, es… increíble, es la confrontación del hombre con ese poder cósmico que no entendemos y que los artistas tratan de enseñarnos. F

Foto: Adrián Duchateau

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