Fernanda Tapia

By on febrero 24, 2013
Turco1

Fernanda Tapia fue una de las primeras mujeres locutoras en México. Es periodista, columnista, productora y guionista. Ha escrito cuatro libros y ha dado voz en español a muchos personajes en su carrera. Con su particular modo de contar historias, ha logrado empatizar con varias generaciones en más de 30 años de carrera. Actualmente, está al aire en Triple W, en W Radio; El Almohadazo, en Canal 52MX; Sociedad, un podcast de Prodigy MSN; Diálogos en confianza, en Once TV, y Juntas ni difuntas, en Proyecto 40.

¿Cuántas horas trabajas al día?
Depende, pero hoy voy a cumplir 21 horas. Estaba sacando cuentas: en la semana hay cuatro días que duermo cinco horas, uno que duermo tres y dos que duermo lo que se pueda. Igual un día me echo doce y otro ocho, y así le chingo ya de forma más física que mental.

¿Qué es lo que más te gusta hacer?
Pues estar con mi hija. Hacer miniaturas con ella. Tiene seis años y todavía es disfrutable.

¿Quiénes fueron tus maestros?
Pues uno aprende poquito de todos, sería muy injusto no hacer la cuenta bien. Antes no había escuelas, yo no hice una carrera como tal. Pero por ejemplo, Juan José Bravo Monroy (Q.E.P.D.) fue básico. José Luis Moreno me llevó los primeros días en Radio Mil. Y ya de ahí fue un desastre; qué bueno que no tuve que desaprender mucho, sino que más bien empecé a hacer así las cosas porque no había de otra.

¿Cómo empezaste en el mundo de la comunicación?
Yo era hiperactiva, y supercursienta, tomaba cursos hasta de plomería. Una tarde que estaba dando lata en el comercio de huevo de mis papás cerca del mercado de Tacuba mi madre me dijo: “Oye, ¿te fijas que no hay mujeres cabineras?”. Y digo, estaba Paty Kelly en Radio Educación o Janet Arceo en El maravilloso mundo de la mujer, pero no era una onda muy abierta. Las mujeres en ese tiempo daban los horóscopos, la temperatura, la hora, siempre acompañando a un gran señor en cabina. Entonces me acuerdo que le hablé a Jorge Alberto Aguilera para preguntarle cómo se podía ser locutor, se rió y me contestó que cientos de personas hablaban para preguntar lo mismo —te estoy hablando de hace treinta y tantos años en donde no había escuelitas de locución y la carrera de Comunicación era otra onda, estaba en la prehistoria. Yo tenía por ahí de catorce años. Entonces fui, hice mi examen, de ésos que de 500 pasaban 20 y luego del oral 10. Y ahí voy con mi certificado de locución a recoger un premio (porque yo era caza premios en la Pantera), el señor de mercadotecnia me subió y me presentó. Y en ese momento Bravo Monroy tenía a las dos conductoras incapacitadas, así que me pusieron a leer las noticias y yo las leía como cuentos de María Luisa.

¿Cuándo y cómo fue tu primer día al aire?
Me sacaron al aire un primero de septiembre de 1981, ahí hice mi primera pendejada, borré una hora de las cinco que duraba el pinche informe. Y ahí estaba don Juan José pidiéndole a Gobernación la hora que yo había borrado. Yo sé que lo sensato hubiera sido borrar las cinco, pero fue sin querer. Luego un 31 de diciembre de ese mismo año, ya era director de la Pantera Alfonso Larriva, y hubo una de esas grandes inundaciones que hay en Insurgentes cada año y no llegaba ningún locutor, así que me mandaron así sin persignarme ni nada. Dije al aire, apunten esta fecha porque es histórica, nunca ha habido una mujer sola en cabina comercial y menos en esta frecuencia, así que cachorritos, panteritas, esto es módulo 590, y me arranqué. Me escuchó el entonces dueño y gran presidente de Núcleo Radio Mil y él dijo: “¿Por qué no le damos oportunidad a la muchachita?”. En ese momento las mujeres estábamos “banneadas” de la radio, que éramos inestables, que la chingada, digo, y eso no es razón para negar la chamba a nadie.

¿Cómo reaccionaron los radioescuchas?
Entré, les gustó y me pusieron de suplente, y eso conmocionó al público no sólo porque fuera una mujer, sino porque no lo hacía como se acostumbraba hacer. Yo estaba rompiendo un poco su esquizofrenia de que se habla de una forma en la radio y de otra forma afuera, y de unas cosas adentro y otras afuera. Sí era un shock, la mitad me odiaba y la otra, me amaba. Sí fue abrir la puerta y meter la pata para que ya no la cerrara y de ahí para el real, ya después entraron muchas. Luego entendí que lo primero era la presencia, pero después viene el discurso y si yo no entendía el discurso de género pues poco podía hacer con mi presencia en los medios.

¿Hasta cuándo te diste cuenta de tu posición dentro de los medios?
Hasta que ya llevaba mucho rato en Diálogos, ahí llevaré catorce años, cuando iba como a la mitad fue que me di cuenta de todo lo que había pasado. Hasta ese momento fue que entendí de teoría de género y todo ese asunto. Para mí Diálogos fue la universidad que no tuve.

¿Qué harías si te quedaras muda?
Sería maravilloso. Ojalá y me dieran una lana de incapacidad permanente. Escribiría mucho, de hecho hago la columna del Publimetro y desde hace mucho tiempo lo hago en diferentes lugares, desde libros hasta alguna columna para el Tele Guía. Otra etapa que la gente no conoce de mí es que yo traigo un discurso interno muy cabrón, yo traigo mi onda, entonces cuando me ven en la casa se asustan de que soy muy silenciosa. Soy alguien que extrañamente prende un radio o una tele, si voy en el carro voy oyendo los noticiarios, pero no soy alguien que ponga música para trabajar, para nada. Ya con mi ruido interior es suficiente, es difícil acallarlo.

¿Qué opinas del radio actual, de las personas jóvenes que están en el radio?
Creo que la generación de relevo viene más en transmisiones por internet que en el radio abierto, porque el radio abierto se cerró, valga la “rebusnancia”, y los tienen demasiado medidos a horarios, comerciales y demás. Ahora sí es la tiranía de maquilarle a distribuidoras de películas, a OCESA y a las pocas disqueras que quedan o artistas que le caigan con su muerto. La verdad, ¿qué tanto puede expresar un conductor al aire? Es mínimo lo que puede hacer y hay por ahí algunas personalidades simpáticas y lo que quieras, ahí siguen el Estaca y Videgaray y cosas por el estilo, pero si tú lo ves, dime ¿cuáles nuevos, nuevos, nuevos tienen chance de veras de despedorrarse? Está difícil. Ahorita las salidas son la radio sin antenas, las “radio piratas” — por ejemplo, la que había de los maestros en Oaxaca, que es buenísima— o estas radios indígenas y demás y las de internet. Ahorita las apps son la onda porque si no se hace y se dice, no se alcanza a ver la generación del relevo, entonces está terrible.

¿Recuerdas algún momento en el que tu rating se fue al cielo por algo que pasó, dijiste o por un invitado?
En Radioactivo sí tenía un rating brutal. En El Almohadazo sabemos que es más fácil medirlo minuto a minuto y te llega al día siguiente el rating. Un día que sacó el Pollo el parto de su mujer, así en el momento que se ve coronando la cabeza del niño, en ese momento el rating se fue hasta las nubes, que es algo extraño porque dices ¿cómo adivina la gente que en ese momento va a estar cabrón algo? Es chistoso. En cuanto me bajé el escote, también se fue a las nubes, pero no sólo que te bajes el escote, sino que te agarres las chichis y juegues con ellas, que es lo lúdico del asunto, ésos han sido momentos muy notorios.

¿Cuál es la diferencia básica entre la radio pública y la privada?
Creo que ahora pocas: una obedece a los intereses políticos y económicos de sus dueños y la otra, de sus dirigentes. Era otra época, la era de oro de Radio Educación y Radio UNAM, sinceramente era otra cosa. Ojalá volvieran a ser atractivas, tú, por ejemplo, ¿qué radio pública o privada oyes?

Reactor.
Podría ser una radio comercial ¿estamos de acuerdo? Dan boletos de los mismos, es lo mismo. ¿Crees que digan algo así contundentemente que sea diferenciado? No. Igual no oyes un comercial de Coca-Cola, pero el problema no está en la música que pases —ésa es la sopa, todo mundo hace la sopa con los mismos pinches ingredientes. El problema está en el toque, y ¿eso qué es? La actitud, y es muy difícil concertar en un solo lugar mensaje, actitud y además, un envoltorio interesante.

¿Tienes algún problema profesional al que te sigas enfrentando con el paso del tiempo?
Siempre te enfrentas a la misma cosa que es cíclica: los diferentes tipos de censura. Hay hasta autocensura: tienes cuates y dices “voy a hablar mal de este güey, pues ni modo”. Y compromisos. Mientras más viejo tienes más compromisos, es consecuencia de la edad, pero tratas por lo menos de ser lo más veraz y objetivo posible. Pero creo que algo a lo que sí me he enfrentado mucho es sentir que soy un monstruo. Sobre todo en los dos sexenios pasados, fue asqueroso, porque sí era muy notorio verse como un ente que causaba molestia, lo que tú dijeras y tu postura se les podía imaginar extremo y molesto: ¿Por qué habla del aborto esta señora? ¿Por qué habla de la equidad? ¡Cómo van a ser iguales los gays! Yo oí gente decirlo y hemos dado un retroceso aterrador en nuestra sociedad en cuanto a conceptos, que hasta en la época de mi mamá ya tenían superados.

¿Tú manejas tus redes sociales?
Sí.

¿Qué ha aportado el Twitter a tu vida personal?
Yo creo que te da muy buen pinponeo ¿no? Te pueden tronar derechos y reveses, y te da a probar un poquito de eso que es el pueblo. Hay una etapa en la Biblia en que cuentan que el que la rifaba en esa zona de Galilea era un cabrón romano que se disfrazaba así de cualquiera nomás para ver qué decía de él la gente; claro, no se aguantaba, al otro día se iba y los mataba y ahí se chutó al padre de la Virgen. Si hubiera tenido Twitter tal vez hubiera sido más sencillo, y yo creo ahí te das cuenta de cuánto hate-mail generas y cómo se interpreta lo que dices. Me acuerdo mucho, parafraseando a Manolito de Quino, que decía: “Una cosa es lo que yo creo que dije, otra lo que salió al aire y otra lo que este cabrón interpretó”.

¿Qué tipo de gente es la más difícil que tenga empatía contigo?
Clase C, wanna be, que no quieren recordar sus raíces y quieren sentir que sí pertenecen, que se peinan frente a la tele pa’ ver si se les olvida quiénes son y creen que son Paulina Rubio o William Levy. De ésas yo creo que son a las que más difícil les llego porque soy bastante guarra, naca y sí les ando recordando el cobre, porque incluso las clases AB+ se ríen de nuestra naquez, hasta nos ponen para ver qué decimos.

¿Qué consejo le darías a alguien que quiere ser locutora en el 2013?
Que consulte su carta astral… Bendito sea Dios que las redes ya están democratizando el medio, porque de otra forma no habría. Le recomendaría, por ejemplo, dirigirse al Boy en las redes sociales, trasladarse a otros estados de la República, las estaciones del Boy —que fue nuestro ingeniero en Radioactivo muchos años— creo que sí son toda una puerta, una ventana, y si no que se lancen por la libre, porque si quieren ser locutores en lo que el glamour supuestamente significaba, pues está de hueva.

¿Cuándo cambiaste de radio a tele qué te pasó?
Bueno, como cambié hacia Diálogos fue como meterme a entrenar a puro varazo, de veras, pinche producción colectiva cabrona ojeta de “te equivocaste” y yo a una semana pues tienes que decir a todo que sí. Fue muy fuerte, ya ni dices perdón, es de ¿cómo lo remediamos? Entonces sí fue para mí el entrenamiento más cabrón que he tenido en toda mi fucking life. Sí lo agradezco, pero la verdad es que la tele yo la sigo sintiendo, pese a que es así corto y en vivo —un poco como la del 40, que es casi radio en tele— casi todas son grandes elefantes blancos, para que salga son 50 changos ahí, moviéndose y jalando un cable. En cambio el radio es bungee pero sin bungee, y a ver a dónde caes, es más emocionante.

¿Tienes planes para hacer otro libro pronto?
No, por favor no. Todo lo que conté en los podcasts a mi hija de quién era su familia: tu tío el boxeador, tu abuelo el tal y así, eso lo vamos a llevar a escrito, pero no por el momento. Hay muchas propuestas de locura, lo que pasa es que faltan horas del día. Yo necesito unos días pero como de 72 horas.

¿Cada cuánto tienes vacaciones?
Bueno, ahí sí soy medio cabrona, pero mis vacaciones son tour de force, entonces tampoco sirven para descansar, cuando tienes una niña de seis años y medio junto olvídalo, el descanso está vedado. Además que no estás divorciado, vives ahí con la niña porque no dices “ah, un fin de semana me quedo dormida, ajá”. Cuando te toca todos los fines de semana y despierta a todos en la casa desde las seis y media dices “¡madres!”.

¿Hay algo que todavía no has hecho que te dé curiosidad?
Nomás un desnudo público, sólo que no sea artístico, pero no lo he hecho porque verdaderamente me gana el buen gusto, no la moral. ¿Sabes qué estaría divertido? Participar en una pasarela de modas. Si me contactas alguna lo haremos, que acepten tallas extras y feas, y le echaremos caché.

¿Te gusta entrevistar a gente? ¿Me puedes platicar de alguna entrevista?
Sí, claro. Pláticas y horas y horas y horas con Alberto Cortés y horas y horas y horas con Santana, pero después de vernos muchas veces de repente hay algún desencuentro; en la última entrevista que le hice, uno se me volvió persignado y el otro estaba ya muy enfermo, cansado y enojado. Son cosas raras que pasan.

¿Qué te choca que te pregunten en las entrevistas?
Nunca me he puesto a pensar en eso, no tengo idea, pero lo que más he contestado en mi vida es cómo empecé. Creo que eso sí lo he contado unas doscientas mil veces. He hecho un chingo de tareas y ¡yo que no hice la carrera para no hacer tareas! Ya me hubiera yo titulado hasta de doctorado.

¿Algún secreto?
Pues nada, pero de cosas que pocos saben que me encantan las miniaturas, colecciono casas de muñecas, sé bordar de poca madre, a veces lo hago en las esperas de las locuciones.

¿Tu grosería favorita?
Pues mi primera palabra fue joder, yo creo que porque mi papá era español. Cuando la primera palabra de mi hija fue agua, dije: “¡Ya chingué!”. F

Foto:Turco

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