La feria de la ciudad

By on febrero 24, 2013
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La Feria Internacional del Palacio de Minería es, sin duda, el evento literario más importante en la ciudad. Acoge a más de 600 editoriales y recibe a más de 150 mil asistentes. Su importancia en la escena literaria de nuestro país crece conforme los índices de lectura siguen cayendo y las librerías siguen desapareciendo para, penosamente, dejar su lugar a (más) restaurantes chic. Un foro acostumbrado a dar voz a los mejores escritores de nuestro país pero que ha extendido su área de influencia a programas en promoción de la lectura, a la ciencia y a otras áreas del pensamiento. En charla con su director, Fernando Macotela, pudimos observar hacia dónde se dirige la feria en el futuro y cuáles son los principales obstáculos que ha tenido que sortear a lo largo del camino (incluido un pasillo de puestos de libros robados que se encuentra a las afueras del recinto). Esperamos que disfruten esta entrevista y, sobre todo, que sirva para contagiarles nuestro entusiasmo por este evento.

En estos años que has estado al frente de la Feria del Palacio de Minería, ¿cuál dirías que ha sido el mayor logro de tu gestión y qué asunto tienes aún pendiente?
Al llegar a la Feria, el presidente del Comité Organizador me dijo: “Tienes que hacer de esta Feria la feria de TODOS los universitarios”. Me sonó lógico, pero la verdad es que no entendía el alcance real de la idea. Pero las circunstancias, las pláticas con las autoridades académicas y administrativas de la UNAM, la Feria misma, me fueron mostrando el camino. En mi primera Feria, de 220 actividades, sólo cuatro fueron generadas por la UNAM. En ésta que empieza, de 1,255 actividades, 502 son generadas por la UNAM, y ocupan prácticamente todas las áreas del conocimiento. Creo que eso es un logro, la comunidad (estudiantes, académicos, investigadores, editores) la considera ya su Feria. Esto no quiere decir que es sólo una Feria de la UNAM y para la UNAM, pues quedan otras muy efectivas 750 actividades a cargo de las editoriales y de infinidad de instituciones que realizan actividades editoriales. ¿Pendientes? Hemos abierto las puertas y atraído a escritores nacionales de todas partes del país (si no los promovemos los mexicanos ¿quién los va a promover?), muchos de ellos jóvenes, muchos, todos con obra publicada. Empezamos ya a pensar en cierto tipo de figuras internacionales.

Para nadie es un secreto que la falta de librerías es un problema serio en nuestro país. ¿Crees que las ferias del libro pueden ayudar a sustituir el rol social de esos espacios comerciales para los libros?
Sí, pueden ayudar y lo han venido haciendo en la medida de lo posible. Ojalá que las ferias puedan impulsar realmente el mercado de lectores, para que de nuevo sea rentable abrir librerías, ya que el rol de “la librería de confianza”, el del “librero amigo o conocido”, el de la “librería especializada” no puede ser asumido por las ferias, pues éstas se celebran sólo una vez al año. Esos sitios irremplazables siguen vacantes, esperando que una nueva generación venga a llenarlos de nuevo. Y pienso que una visita a la Feria es una especie de proyecto anual de lectura; casi nadie puede comprar todo lo que quisiera, entonces es el lugar donde se conocen muchos de los libros que compraremos más adelante en el año.

¿Cuál dirías que es el mayor reto que enfrenta la Feria en el futuro?
El público va a las ferias básicamente por los libros. Pero en el caso de Minería, la asistencia se ha multiplicado con el apoyo del Programa de Actividades Culturales, que es uno de los mayores del mundo. El reto es que dicho programa siga siendo tan atractivo para el público como lo son los libros. Los cambios que le hacemos anualmente pueden pasar desapercibidos, pero siempre los hay e implican una renovación que los asistentes registran. Por otro lado, nunca hay que descartar los alcances de las crisis económicas.

Además de la figura del estado invitado, ¿cómo buscas imprimirle una personalidad diferente a cada edición de la Feria?
Las ferias más antiguas tienen ya su perfil, que vendría a ser su personalidad. Creo que el público sabe qué ambiente y qué tipo de actividades encontrará en Minería, y lo que varía completamente son los autores conmemorados en la tradicional sección de Efemérides, evidentemente los libros presentados, los temas tratados en los ciclos de conferencias (de biología, de economía, de medicina, de geografía, etc.), los temas siempre actualizados en las Jornadas Juveniles (computación, psicología, sexo, biodiversidad, deportes, salud) y además, las actividades que se realizan por primera vez, como el ciclo que el joven y talentoso escritor sinaloense Geney Beltrán coordina en esta Feria, intitulado “¿Qué me recomiendas leer? Los críticos responden, mesas redondas en las que participan muy destacados críticos literarios (Fabienne Bradu, C. Domínguez  Michael, A. González Torres, etcétera).

La Feria se complementa, o se complementaba, con otros espacios aledaños en los que se hacían “ferias del libro” paralelas. Una muy digna (la de libros viejos que se hacía en el Munal) y otra no tanto (la de libros robados que se hace en las inmediaciones del Palacio de Minería). ¿Qué nos puedes decir de ambas?
La Feria del Libro de Ocasión se sigue celebrando en los mismos días que Minería y a pocos metros: hace ya tres años que se ha instalado en el bello edificio que fue el Casino Metropolitano de la ciudad de México, de fines del siglo XIX, ubicado en Tacuba 15. Y es como siempre la Coalición de Libreros quien la organiza. Los conocemos, tenemos una relación cordial con ellos. A Carlos Monsiváis le gustaba mucho visitarla. En cuanto a los vendedores del Callejón de la Condesa ¿qué decir? Están en un espacio que nosotros no controlamos. Hemos recibido muchísimas quejas, ya que le dicen al público: “Si no ve el libro que busca, se lo conseguimos””, y se trata de libros nuevos, en venta dentro de Minería, pero que venden a un precio inferior. ¿Cómo es eso posible? Nosotros hemos informado a las autoridades correspondientes. Debo aclarar, sin embargo, que en el curso de este año —ya que esos vendedores están allí siempre— se ha podido observar que empiezan a tener más y más libros viejos interesantes. Ojalá optaran por eso; la Feria no vería con malos ojos que hubiera en los alrededores un ambiente festivo de venta de libros, pero cuya existencia y operación no dañara a nadie.

¿Podrías compartir con nosotros cifras que muestren un poco el estado actual de la Feria? En número de participantes, libros vendidos, asistentes, etcétera.
A las editoriales participantes no les gusta dar informes sobre sus ventas (número de libros o importe) ni están obligadas a ello con la Feria, pero a insistencia de los periodistas, la Cámara Nacional de la Industria Editorial ha realizado en los últimos tres años una encuesta. El problema de esta encuesta (que significa de todos modos conocer algunas cifras) es que la realizan sólo entre sus afiliados, pero no es obligatoria para ellos. Y así, hemos podido ver que sólo un cincuenta por ciento, aproximadamente, accede a dar información, pese a que se trata de información “anónima”, o sea, se dan las cifras pero no se dice a qué empresas corresponden. Si consideramos que el otro cincuenta por ciento no da información y que hay además editores no afiliados a la CANIEM, las cifras resultan por demás relativas. En la famosa Feria de El Retiro de Madrid los organizadores optaron, hace muy poco, por no dar más informes y explicaron que en las encuestas sobre los libros más vendidos, los editores y libreros (los libreros participan en esa Feria) inflaban muchísimo los números para hacer creer que sus ediciones eran campeonas de ventas y que el público las comprara más.

Algunas de las cifras que dependen de nosotros: en la feria de 2012 tuvimos una asistencia un poco mayor a los 151,000 visitantes; estuvieron presentes 600 editoriales (hay editoriales que vienen representadas por otras, pero las representantes no siempre nos informan con precisión); y 6,800 personas participaron en las actividades culturales, que fueron en total 1,152. A propósito de las ventas, yo diría que basta observar que a la salida de la Feria es difícil ver alguna persona que no lleve una bolsa con libros comprados para deducir que las ventas son buenas. Para los libros más vendidos, hemos decidido hacer nosotros la encuesta, pues es una información que los medios y el público nos solicitan mucho. Dado el carácter masivo de las ferias creo que hay que tomar siempre con algo de reserva las cifras, no es fácil comprobarlas.

Además de tener carteles literarios, la Feria sirve como espacio de discusión para el periodismo o incluso para temas científicos. ¿Esto sucedió de manera natural o hubo una intención premeditada de ampliar la oferta de eventos?
Yo trabajé como director de difusión en la Dirección General de Publicaciones y Fomento Editorial de la UNAM justo antes de llegar a la Feria y pude comprobar en las presentaciones que organizaba allá el interés del público por la variedad de temas. Entonces, dado que tenemos en casa (la UNAM) a los investigadores, los profesores, los autores y las ediciones de tantas obras que cubren múltiples áreas del conocimiento, ¿por qué no aprovecharlas? Apostamos… y ganamos todos, pues no sólo se ha ido creando en la UNAM una mística de hacer labor de divulgación cultural y científica en la Feria, sino que se ha extendido a muchas instituciones de educación superior, públicas y privadas, en todo el país. Cada vez que anunciamos el temario de una nueva Feria recibimos inscripciones de todos lados y esto nos permite a los mexicanos comprobar y enterarnos de que en todo este país se estudia, se enseña, se aprende, se investiga, se crea. Lo juzgo sumamente importante y satisfactorio. O sea que si bien hubo una intención premeditada, el extraordinario crecimiento posterior se ha dado en forma natural.

¿Cómo te imaginas la Feria del Palacio de Minería dentro de cinco años? ¿Y dentro de diez?
Si veo para atrás me doy cuenta de que hace diez años jamás hubiera imaginado la Feria como es ahora. Hace cinco sí, porque ya se parecía a lo de hoy. Me gusta cómo es la Feria, pero siempre pienso si no le faltará “algo”, y sin saber en qué consiste ese algo trato de encontrarlo, ensayo caminos, siempre les pido a mis colaboradores su opinión para cualquier cambio o innovación —más cabezas piensan más. Me preocupo siempre por la evolución de la Feria, porque cambie pero sin perder su identidad: no sólo que cambie por cambiar, sino más bien… que evolucione.

Dijo Picasso: “La inspiración existe, pero tiene que encontrarte trabajando”. Me he dado cuenta de que en los últimos años ya no separo muy bien mis momentos de esparcimiento de los del trabajo. Sinceramente creo que trabajo 365 días del año pero ni lo siento. Siempre he sido un promotor cultural (antes no lo sabía, ahora sí). En medio de una reunión ya estoy de pronto invitando a alguien a que se presente en la Feria. Personas de las más variadas especialidades. Muchos se sorprenden. Casi todos aceptan. Y luego quedan entusiasmados por la experiencia. Eso es muy remunerante. La mayor parte de los participantes de la UNAM (y algunos de otras partes) llegan por amistad, conmigo o con alguien más; la red ahora es extensísima. He contado con los consejos de personas excepcionales por su talento y por su generosidad. Sería larguísimo mencionarlas (la Feria es ya en realidad una multitud), aunque no habría tantas sorpresas. Y nunca pierdo de vista que es una actividad de la UNAM, lo que implica una gran responsabilidad, lo que hagamos deberá siempre estar a la altura de la institución. A veces hay que hacer consultas hacia arriba, desde más alto se suele tener mejor perspectiva. No me cuesta hacerlo. Y nunca podré agradecer suficientemente el apoyo y la libertad que me han concedido en todo momento. No tenemos mucho dinero, pero sí mucha imaginación. Y por ahora los resultados no son malos. Me parece. No registro mucho las felicitaciones, pero si no se dieran creo que me preocuparía.

Me imagino la Feria… alegre. Por fuera y por dentro. Trabajamos contentos aquí y espero que quienes lleguen después puedan seguir haciéndolo. Creo que se trasmite al público. Me imagino la Feria muy variada en sus manifestaciones, seria pero no solemne, o qué ¿no es una Feria? F

 

¡ENCUÉNTRALOS AHÍ!

Libros que recomendamos buscar en la Feria del Palacio de Minería…

 

Miseria de la prosperidad, Pascal Bruckner, Tusquets Editores.

Veinte poemas, William Carlos Williams. Traducción de Octavio Paz, Ediciones Era.

Purga, Sofi Oksanen, Almadía.

El mar, John Banville, Anagrama.

Los pájaros amarillos, Kevin Powers, Sexto Piso.

El atentado, Yasmina Khadra, Alianza Editorial.

Cuentos completos, William Faulkner, Alfaguara.

El Sunset Limited, Cormac McCarthy, Mondadori.

El arte nuevo de hacer libros, Ulises Carrión, Tumbona Ediciones.

Enciclopedia de los muertos, Danilo Kiš, Acantilado.

 

Feria Internacional del libro del Palacio de Mineria

Del 20 de febrero al 4 de marzo
Palacio de Minería. Tacuba 5, Centro Histórico.
$20 pesos ($15 para la tercera edad, estudiantes y maestros)
http://ferialibromineria.mx/xxxiv/

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