Viaje al interior de El cielo árido (de Emiliano Monge)

By on febrero 14, 2013
EmilianoMonge_AlejandraHugues

“Germán Alcántara Carnero despega del colchón el cuerpo como despegan el cuerpo las lagartijas de las piedras y continúa su perorata: si permito en cambio que tu muerte me revuelque extraviaré de nuevo mi camino…”

Fragmento de El cielo árido

La breña, uno de los territorios en los que discurre El cielo árido, es un territorio agreste. Es, o se parece mucho al mismo suelo del que habla Rulfo en El llano en llamas. Esa “llanura rajada de grietas y de arroyos secos” en la que a pesar de lo que uno pudiera creer inicialmente “sí, hay algo. Hay un pueblo”. La breña tiene, o pareciera tener, un orden que difiere de los domésticos sitios en los que el mundo fincó su idea de desarrollo. Tiene textura, aquella de “la epidermis de un leproso”. En la breña manda el que se lleva mejor con el yermo que lo atenaza. El más sensible a sus miles de guiños, el más hijo de puta, el más suertudo. En la breña nació el México moderno, y como nació el hijo del Gringo Alcántara, o Elqueasciende o Estátemblando o Germán Alcántara Carnero o Elquebusca o Quegrita o Searrepienteun —hombre en cuya vida, nos dice la novela, se condensa la historia de su siglo y la de un lugar— nació enfermo.

“¿Qué es lo que hace falta para soltar lo que me duele, para olvidar y así dormir de nueva cuenta?”

La historia se mueve en un tiempo espeso. Ocurre en la frontera entre el “valle mental” del protagonista y el cuerpo que lo contiene. A veces avanza veloz, puesto que es una historia que se narra como la memoria nos narra nuestro propio pasado: a través de instantes. A veces, sin embargo, se empantana, como se empantana nuestra mente en los momentos que definen nuestra vida. El Gringo Alcántara es un hombre que vive escindido: mitad en el ahora y sus contingencias, y mitad en esos momentos de su pasado que lo muerden y lo atormentan: que lo culpan de haber sido una especie de imán mortal ante el cual sucumbieron todos los que se atrevieron a quererlo: recuerdos que lo obligan a hacerse una y otra vez la promesa de que pronto será otro hombre.

“Porque parados en la puerta del jacal nos despedimos de este sitio y de este instante al mismo tiempo que observamos al Quegrita caminar al horizonte: dentro de poco él también será una silueta, una mancha luego y al final un punto en la distancia como aquel punto que observamos al comienzo del capítulo en que estamos.”

La historia, se nos advierte pronto, empieza en un momento porque tienen que comenzar en algún sitio, pero podría haberlo hecho en cualquier otro lugar. Y aunque no hace este recorrido de manera lineal, porque el tiempo en la vida de un hombre no se parece a esa ordenada e inclemente erosión que hemos depositado en los relojes, transita por los siguientes puntos: “el nacimiento de nuestro hombre, los conflictos con su padre, el desvanecimiento de su hermana más pequeña, la pelea con el clan Díaz Cervantes, la marcha hacia otro reino, los conflictos transfrontera, su regreso al altiplano, la celada en que murió Anne Lucretius Ford, la quema de la iglesia de los cerros, su ascenso como jefe del pequeño ministerio emplazado en Lago Seco, el accidente que acabó con el Demónico Macías, la tortura a los hombres encerrados en el viejo matadero, la venganza contra el viejo Delsagrado, el castigo autoinflingido ante las puertas de una presa, la renuncia al ministerio y a esa forma de existencia, el encuentro con Dolores Enriqueta Celis Gómez, la formación de su familia, el nacimiento de su hijo primogénito y enfermo y la muerte posterior de este pequeño”. La historia es también la historia de un hombre que “sin otra ayuda que sus fuerzas sobrevivió a su infancia, vengó luego a su hermana, se fue de casa tras hacer pagar a Félix Salvador Germán Alcántara Arreola, se unió a un ejército en combate, enfrentó a varios soldados que abusaron de él y de sus perros, se marchó a otra patria, encontró allí dos trabajos, se robó a la mujer que más amó en su vida, regresó a la meseta Madre Buena, alcanzó la jefatura del pequeño ministerio emplazado en Lago Seco, se sobrepuso a la muerte de Anne Lucretius y del Demónico Macías y forjó una era y un lugar que no podían entenderse sin su nombre”.

“empezó este hombre hace ya un lustro a engordar como engorda el animal que va a servirse en una fiesta”

“encierra un momento que reluce en la existencia de Germán Alcántara Carnero como encierra un foco el filamento que lo alumbra”

“una paz hasta ese instante imperturbable envolvía la iglesia como envuelve una crisálida a una oruga”

La historia bien podría estar condensada en los párrafos que anteriormente he descrito y que son testimonios propios de la novela sobre su propio cauce. Pero la historia, esta historia, no tiene que ver sólo con lo que se cuenta, sino con quién la cuenta y, sobre todo, cómo la cuenta y por qué la cuenta como la cuenta. El ritmo de esta narración, la apropiación del autor con un lenguaje que necesita ser promiscuo y fiel a su estirpe, nos dicen tanto como los instantes que alumbran la historia. Y por eso me atrevo a contar las claves de la trama que atraviesa este libro. Para dar la falsa idea de que este viaje que proviene del matrimonio bien logrado de una imaginación desbocada y un rigor lógico implacable, es lo más importante. Que esto los enganche a sumergirse en esta lectura y una vez ahí se den cuenta de que el devenir de los acontecimientos palidece ante las circunstancias que los arrojan. No importa saber qué sucedió, sino cómo y por qué.

“Como si fuera capaz de adivinar lo que sucede dentro de la presa Estatemblando no vuelve a moverse hasta que cierran los ojos los dos seres que dirigen a los tres o cuatro alzados que allí quedan: así pasa en esta patria cuando estalla un movimiento: con el paso de los días vuelven los rebeldes a sus casas, enojados de haberse levantado, arrepentidos de intentar alzar el rostro, asustados de no estar obedeciendo, horrorizados de pensar que el mundo es suyo de repente.”

La historia, mientras nos cuenta la vida de un hombre, cumple la ambiciosa promesa con la que parte la narración, y narra la historia reciente de una nación que nunca supo cuidarse de sí misma. Nos habla de la revuelta que le dio nombre a esta patria en la segunda década del siglo XX. Muestra la encarnizada lucha contra el clero, cuyo punto más alto quizá ocurrió entre los últimos años de la tercera década y los primeros de la cuarta. Esboza la tierra abandonada, árida, polvorienta, con un espacio infinito para sepultar a los muertos. Dibuja el poder en su estado más natural y aterrador combinado con una naturaleza violenta y desatada.

 

“quien no puede aún sacarse de la mente a la gente inexistente ni tampoco las preguntas que por culpa de ésta nacen en su alma”

Es cierto que esta historia avanza en muchas ocasiones a través de lo que le acontece a sus protagonistas. Pero no olvidemos que es también un libro sobre la memoria. Sobre las moradas crueles y fascinantes de las imágenes que dejan una cicatriz sobre nuestra mente. Imágenes como: la de un hombre sumergiendo los dedos en el cerebro de un cuerpo que recién ha adquirido la condición de cadáver para ver a qué huele; perros a los que les han prendido fuego y corren despavoridos hacia quién sabe dónde mientras se consumen trágicamente; una mujer sorda que intenta retener en su vientre al que será el hombre de la historia; tres perros devorando una familia de tlacuaches, tres magueyes, cuatro yucas, un par de pirules, varios setos, diez biznagas y una higuera; un niño enfermo que muere tras ingerir un cráneo de conejo; el chaparral y la meseta Madre Buena; el pedregal y los cerros amarillos. Y por supuesto la breña. Ésta es una novela, sobre todo, de imágenes. Es una novela sobre los misteriosos mecanismos de la memoria que juegan con aquel que las aloja apareciendo y desapareciendo, transformándose para ser más un síntoma del presente que un registro documental del pasado.

“Arrastrando el cuerpo como arrastra éste a su sombra”

Ésta es una narración que ejerce fricción sobre el tiempo, que por momentos no avanza porque hay grilletes en la mente del narrador y de los personajes que se lo impiden. Y que de pronto, así como avanza la vida, da saltos (no siempre hacia el frente). La convicción con la que el narrador, un hombre que quiere ser personaje de la historia “porque nunca se atrevió a ser persona”, sabe a dónde debemos ir en cada momento, contrasta con la vida interior de nuestro héroe. El valle de la mente del Gringo Alcántara es un territorio en duda permanente. Duda si podrá dejar atrás su vida anterior al renunciar a su trabajo, duda acerca de lo que encontrará cuando regresa a su jacal y si las formas inexistentes de su mente tendrán una correspondencia en la realidad, duda de la fe que ha adquirido, que le ha inoculado su mujer y que ella misma amenaza con arrancarle. Duda de todo pero a la vez sabe salir siempre adelante, con la certeza plena de que incluso puede engañar a Dios (“¿cómo haré que Él te perdone… cómo tengo que enterrarte para hacer que te perdone… cómo vamos a engañarlo… quizá tenga que arreglarte aún más el cuello… tal vez no nos baste con taparlo… voy a tener que componerte y no decirle a nadie qué he hecho… no decirle a nadie qué ha pasado!”).

“mi camino necesita ahora silencio… mi camino exige ahora que esté solo… su palabra no me deja ya seguir unido al mundo…”

F

Share Button
JVG

JVG

JVG

Últimas noticas en JVG (Ver todo)

Dejar comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>