Elena Fortes y Ambulante

By on febrero 24, 2013
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Se sabe: la gira de documentales Ambulante (que seguirá en el DF hasta finales de febrero) es uno de los momentos más importantes en la agenda de los cinéfilos citadinos, en gran parte gracias a su directora. Aquí, una versión sentimental.

Por Brenda Lozano

Conocí a Elena Fortes a los catorce años. Ese sábado por la tarde el plan era ir al cine con su hermana Mara, quien no mencionó que tenía una gemela. Llegué tarde, toqué la puerta, abrió Elena, me disculpé por haber llegado tarde. Elena, en la puerta de su casa, dijo sonriendo: “Mara te estuvo esperando pero ya se fue”. Pensé que Mara me estaba haciendo una broma, volví a pedirle perdón. Elena se reía: “En serio no soy Mara, somos gemelas, ella ya se fue al cine, pero ya acabé la tarea así que vamos al cine si quieres”. Esa tarde fuimos a la Cineteca a ver una película, a una de las gloriosas muestras en las que los adolescentes de mi generación conocimos el cine. Nos caímos bien, caminamos al Jarocho por café y unas donas de maple para seguir hablando. Algunas lecturas (Hesse, Pacheco, Kafka), la misma música (Massive Attack, Beastie Boys, Illya Kuryaki, Soda Stereo), morrales parecidos y un sentido del humor similar dieron para crear un lazo esa tarde. Siguieron llamadas telefónicas (mi hermano descolgando para preguntar si ya habíamos desocupado la línea), fiestas caseras (colillas flotando en las botellas de cerveza), más funciones en la Cineteca (no se me olvida cuando vi con un grupo de amigos Trainspotting, ese asombro, el impacto de las primeras líneas —choose a life, choose a job, choose a career— con la canción “Lust For Life” de Iggy Pop de fondo, que parecían ser también las primeras líneas de algo que a los quince o dieciséis años nosotros descubríamos), conciertos de grupos sin futuro (en bodegas, terrenos baldíos, foros ahora desaparecidos), conversaciones en las que cambiábamos el mundo fundando una revista que nunca fundamos. Entonces yo tenía un novio que andaba en patineta en CU. Mientras él andaba en patineta, yo platicaba con mis amigos en las cafeterías de las librerías. Poco, pero nos tocó escribir cartas a mano. Abrí a los dieciséis años mi primera cuenta de correo electrónico (capitantoxico@hotmail.com, que dejé de usar por el nombre), en la que recibía correos firmados por “Hey boy, hey girl, superstar DJ Elena”.

Tengo dos correos recientes de Elena: unas fotos de la inauguración de la octava edición del Festival Ambulante y, el más reciente, titulado “¿Cómo te explicas estos comentarios en una universidad?”, con una liga a un video de una mujer haciendo comentarios antisemitas en una aula.

A los diecisiete años Elena quería estudiar Psicología. Su abuelo del lado paterno, un psiquiatra ruso de origen judío, llegó a la ciudad de México con Eric Fromm. Su abuela llegó de Rusia a México a los cuatro años; a los dieciséis era una talentosa pianista, José Vasconcelos la invitó a una gira que culminó en Bellas Artes. Se conocieron en el DF, la abuela más tarde se dedicó al psicoanálisis. Abuelos, tíos y primos se dividieron entre la psiquiatría y el psicoanálisis. En mi condición de amiga, valoro esa vena de Elena, una suerte de psicoanalista natural. Tenemos cómodas conversaciones sobre la conducta de alguien o sobre el fondo de una frase. Los comentarios antisemitas, con los que Elena se ha cruzado más de una vez, y las conductas misóginas, son dos temas a los que regresamos cada que ocurren. Esos dos correos recientes son dos buenas postales de Elena: la inauguración de Ambulante, el festival de documentales que dirige desde el inicio, y su inclinación por cuestionar el comportamiento de alguien. Pero de vuelta al año en que nos tocaba ir a la universidad, la UNAM entró en una larga huelga que nos hizo tomar rumbos distintos a los de esa generación. A los dieciocho años, en una llamada telefónica, me dijo que quería estudiar Comunicación visual porque quería hacer lo mismo pero de otra forma: “Tal vez en un lugar más abierto, la verdad es que odio los consultorios, en cambio, el cine incluye a más personas”, me dijo mientras yo comía papas al otro lado de la línea.

Elena estudió Comunicación visual en Estados Unidos. La semana pasada, comiendo en un restaurante japonés, hablamos de Amores Perros. Teníamos dieciocho, diecinueve años cuando salió: “Yo la vi en Filadelfia, como estudiante. Me acuerdo muy bien de haber pensado que sería muy chingón trabajar con Gael. Era el primer trabajo mexicano que parecía inspirador, con un actor talentoso, muy lejos de los actores de telenovelas a los que estábamos acostumbrados, y la historia estaba lejos de lo que entonces conocíamos como cine mexicano”. Era estudiante de Literatura cuando vi la nueva ola de películas mexicanas, a la par llegué a la literatura latinoamericana al margen del Boom (Clarice Lispector, Roberto Bolaño, Roberto Arlt, Antonio Di Benedetto) y a la generación mexicana que empezaba a circular en editoriales españolas (Guillermo Fadanelli, Álvaro Enrigue, Cristina Rivera Garza). Entre el cine y los libros, las historias parecían señalar que el español era una casa en la que podíamos estar a gusto. Es decir, que había un camino distinto.

Este no sería un texto sentimental, casi un bolero, si no traigo aquí a los padres de Elena, Mauricio Fortes y Magdalena. Mauricio es uno de los pilares del Instituto de Física de la UNAM. Magdalena se dedica a la difusión del cine, ha tenido cargos públicos (en la Cineteca Nacional y en el Canal 22, por ejemplo), y está involucrada en una organización a favor de las mujeres en el cine. Marieclaire, hermana de Magdalena, es una activista a favor de los derechos humanos. Si me cruzo en la foto familiar es porque la creación y el sostén de Ambulante me parece más hondo. Como una suma larga: Elena nace en una familia dedicada al psicoanálisis, su madre está involucrada con la difusión del cine y la televisión pública, su tía es activista, ella le enseña a su joven sobrina en la discusión zapatista en los noventa, le pasa videos en VHS de la situación en Acteal, desde el punto de vista de los desplazados. ¿Y el físico cuántico de la familia? Habría que pedirle a Elena que cuente su repertorio de chistes (incluyen átomos, fusiones, complejos conceptos de que requieren de una explicación para relajar un “ja”) y, sobre todo, su inteligencia. Su lado racional, práctico, es una de sus fortalezas.

Gael García Bernal, Diego Luna, Pablo Cruz y Carlos Meza, fundaron Canana. Meza estuvo al inicio; Kyzza Terrazas, director y escritor, marcó una buena línea en Canana. Julián Levín, un joven y brillante abogado, actualmente está a la cabeza. A los inicios, Eugenio Polgovsky, en 2004, presentó Trópico de Cáncer, un documental al que le fue muy bien fuera del país. Ante eso, se preguntaron por qué no había espacios en México para presentar documentales. Y la siguiente pregunta, ¿cómo llevar documentales al público mexicano? Elena, de veinticuatro años, recién había regresado a México cuando la invitaron a pensar el logotipo y el nombre para el festival: “Uno de los nombres fue Indocumentado, pues no queríamos el clásico Festival internacional de cine ta-ta-ta. Se me ocurrió que Ambulante era buen nombre”. La idea era abrir un espacio que no había en México, su carácter itinerante quería poner en conversación a las historias con sus protagonistas. Por ejemplo, proyectar un documental sobre la situación política en Chiapas, justamente en Chiapas. De tal modo que el espacio nuevo también prestaba el escenario para el diálogo entre personajes e historias. Elena quedó a cargo en la primera edición: “Isadora Oseguera y yo armamos todo, vimos todas las películas, teníamos una dieta Cinépolis que consistía en comer hot dogs, crepas y palomitas. También repartíamos volantes”. Cinco personas hicieron la segunda edición. Se incorporó el artista Eduardo Thomas quien creó Injerto, una sección dentro del festival para presentar videos relacionados con el arte y abrió mesas de debate. Ahora, en la octava edición, 33 personas y 284 voluntarios conforman el equipo de Ambulante.

Elena forma parte del equipo de Gael, Diego, Pablo y Julián. Es la única mujer. Tiene una colección de anécdotas sobre episodios machistas que sólo le han ocurrido en México: “No en Cannes, no en Berlín, no en Los Ángeles. Por lo general, cuando vamos a una junta, es muy común que crean que soy asistente de Pablo o de Gael. O si va un hombre, quien sea, creen que soy su asistente. Lo dan por hecho y me pasan una pluma para que tome nota. O, por ejemplo, la semana pasada tuve una junta con un diputado que me recibió diciendo que le alegraba que le hubieran mandado chavas guapas. Por no mencionar la cantidad de comentarios antisemitas. De caricatura. El horror. Si estuviéramos en otro país yo sería rica y las personas que hacen esos comentarios estarían en la cárcel”.

Me falta decir el rasgo eje de su carácter: Elena es leal. Sin vuelta, sin sombra, así, en la extensión de la palabra. Solidaria y generosa. Está en las buenas y en las malas. A eso también adjudico que lleve ocho años haciendo crecer un festival, del lado de los suyos. ¿Y no es la base de las amistades largas? Ya vi que es una pregunta falsa, como unas flores de plástico que se antoja poner en una recepción o decorando un párrafo. Tal vez los apodos que le tengo a Elena también son como flores de plástico. Helenismo (cuando necesito un consejo). Electrón (cuando se trata de una consulta numérica, práctica). Elenoise o Niçoise (su variante culinaria). “E” (la única letra que alcancé a escribir en un mensaje de texto en estado de ebriedad, ahora utilizado para preguntar por alguna fiesta).

Ah, las fiestas. Voy sacar una. Teníamos dieciséis años. Fuimos a un rave al Ajusco (que quizá para estas alturas es como decir que fuimos a Avándaro). Teníamos que estar de regreso a las 2:00 am. El coche quedó bloqueado entre otros coches estacionados en desorden, como si hubieran dejado caer una torre de Jenga. Elena me volteó a ver: “No mames, ¿qué hacemos? No vamos a salir de aquí nunca”. Para salvar la noche, me pidió que memorizáramos las placas de los coches y preguntáramos en el rave (¿es tuyo un Tsuru azul con terminación 78?, ¿es tuyo el vocho rojo 81?) Así, uno por uno, entre música electrónica y glow sticks, entre adolescentes entachados bailando, recitamos la letanía de los Tsurus y vochos ante varios incapaces de articular una frase.

Ah, nada como beber mezcales hasta cantar Juan Gabriel y José José. Esas canciones que también son una educación sentimental. Conversaciones largas, cortas, superficiales y profundas. Llamadas a la hora que sea, para lo que sea. Desde lo minúsculo (Elena tiene el talento poco explotado para seleccionar los productos de calidad de las misceláneas y Oxxos) hasta los momentos difíciles, delicados. Todo, por igual.

¿No son las historias compartidas —vividas, vistas, leídas— las que crean los lazos en las relaciones? ¿No son esas historias las que generan el léxico familiar, amoroso y amistoso?

Los adolescentes que fuimos, que llegamos al cine, a la literatura, a la música, que a todo llegamos por curiosidad. Imitando el baile epiléptico de Ian Curtis de Joy Division en una cocina. Probando la absenta en una especie de logia. Llamando de noche desde una cabina telefónica (ahora inútiles, casi ficticias, utilizadas para exponer las fotocopias de las mascotas perdidas). Ese le llamo, no le llamo, ya me llamó, nos vamos a ver en la noche. Los límites, el frenesí. Esa curiosidad. Querer probar todo. Querer ver, leer y vivir todo. Lust For Life. Y las horas lentas bebiendo un litro de leche entera fría, con un libro en las manos, pensando que la lectura transforma el mundo. Elena responde en un mensaje de texto: “No creo que el cine transforme al mundo, pero sí transforma tu punto de vista”. Me gusta pensar que en el público de Ambulante hay algún futuro director de documentales, alguna talentosa artista, algún activista social. Ahora que alguien rebata o tire una piedra. Que se abran las historias para ser críticos y libres. Y, por qué no, para ser un buen amigo. F

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One Comment

  1. DKoeys

    marzo 7, 2013 at 10:58 am

    Maravilloso, no sabia que habia tanto detras de Ambulante, me han dado ganas de participar ahora :)

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