¿Cuánto vale Elba Esther Gordillo?

By on febrero 27, 2013

La aprehensión de Elba Esther Gordillo no sólo es un acto judicial, sino un importantísimo tanque de oxígeno para el gobierno de Enrique Peña Nieto. Su administración, lo habíamos advertido antes en este espacio, pasaba por un momento complicado. Había perdido el poder de la agenda. Para encontrar lo que había hecho o dicho el presidente el día anterior ya había que buscar en las páginas interiores de los diarios, y las notas sobre violencia, grupos de autodefensa y otras historias, como la renuncia papal, habían arrebatado el control de las conversaciones públicas a un gobierno que ni siquiera había cumplido los tres meses en el poder.

Por si fuera poco, en el Congreso había señales de desgaste. Los reclamos de legisladores, que se sienten excluidos de temas como la reforma en telecomunicaciones, estaban creciendo. Incluso algunos de los promotores del Pacto por México, como su actual presidente, Gustavo Madero, el dirigente nacional del PAN, habían advertido que los acuerdos iban muy lentos y no se estaban notando los resultados.

El panorama era tal que algunos analistas advertían en corto: el pacto ya está muerto. Y la clave de todo era la credibilidad. Es decir: saber si el gobierno de Peña tenía la capacidad de sacar adelante su agenda o sólo iba administrar en el plano de lo posible, y no de lo deseable, dada la resistencia de los actores reales de poder, ya fueran los poderes formales o fácticos.

Por eso es relevante el golpe a Elba Esther. Porque se trata de uno de los personajes más importantes en la vida pública, pero también de los más idealizados. Durante años su figura creció como la mujer más poderosa, presidenta de un sindicato con más de un millón de agremiados. Y con ese poder, real y simbólico, logró trascender a la alternancia al grado de fortalecerse en los doce años de gobiernos panistas.

Por eso su caída tiene varias dimensiones. La primera es que muestra una capacidad de operación importante y manda un mensaje a todo el SNTE, que eventualmente tendrá que mostrar cómo reacciona, si en un intento solidario o en una subordinación. ¿Cómo impactará esto en las protestas que estaban emergiendo contra la reforma educativa? ¿Se acabaron las incipientes movilizaciones? Uno supondría que sí, y que aún si escalaran, fortalecen al gobierno, que tendría un adversario impopular contra el cual ejercer su poder.

Y es ésa la segunda dimensión del golpe: manda un mensaje al resto de los actores políticos. En particular a aquellos que se oponen a la agenda de cambios contenida en el Pacto por México. ¿Cómo será leída esta acción por los poderosos grupos empresariales del campo de las telecomunicaciones? ¿Qué mensaje manda para los gobernadores que han visto disminuir su poder ante la agenda centralista del nuevo gobierno?

Con la captura se establecen condiciones para las reformas que vienen, y vaya que le urgía al gobierno recuperar la iniciativa política. Es una cuestión de tiempos. Los meses corren y nos acercamos a la segunda parte del año en que el gobierno pretende sacar una reforma fiscal y una energética que pueden ser muy impopulares. Para lograr la aprobación de esas medidas necesita llegar a ese debate con credibilidad y un respaldo popular que hasta ahora no se ha visto. Para darnos una idea: la más reciente encuesta del diario El Universal colocó a Enrique Peña Nieto con un 56 por ciento de aprobación, tres puntos por debajo de la aprobación obtenida por Felipe Calderón al término de su gobierno.

Con esos niveles, con la agenda pública dispersa y la clase política cada vez menos afín al Pacto, habría sido imposible sacar esas primeras reformas estratégicas, que dicho sea de paso son la base buena parte para el resto de los objetivos del Pacto. Sin esas reformas el gobierno se desinfla.

Por eso es importante lo que ocurrió esta semana. Nada garantiza que las futuras reformas saldrán adelante, ni siquiera que el efecto en popularidad —que daría como un hecho seguro— se mantenga en el corto plazo. Pero a estas alturas creo que nadie puede regatear que la caída de Elba Esther otorga a Enrique Peña Nieto combustible valiosísimo para los meses y las batallas por venir.

 

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