El cadáver de la imagen

By on febrero 13, 2013
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Joan Fontcuberta, Blow Up Blow Up, Periférica, Barcelona, 2010, 90 pp.

El 13 y 14 de abril el fotógrafo, crítico y profesor Joan Fontcuberta (Barcelona, 1955) iniciará un taller en la escuela de fotografía BlankPaper (Madrid). Aunque el curso, titulado Postfotografía: visibilidad e invisibilidad, tendrá un carácter creativo y se revisarán, críticamente, los proyectos de los participantes, éste tiene un origen teórico: la “hipervisibilidad total” que impera hoy en día. Freud, explica Fontcuberta, aludió en 1890 a las “alucinaciones negativas”, un fenómeno que puede ser provocado por la hipnosis: la incapacidad de ver lo que está frente a nuestros ojos. La pregunta planteada por Fontcuberta es: “¿No podemos hoy en día considerarnos todos hipnotizados por internet? ¿Cuáles son entonces las alucinaciones negativas a las que estamos sometidos?”.

Fontcuberta está convencido de que el tema de la representación, tal y como ha sido tratado por la fotografía, puede contribuir a diagnosticar estos puntos ciegos. En 2009, el fotógrafo montó una instalación en la galería Àngels de Barcelona que abordó estos temas a partir de un nuevo acercamiento a Blow Up (1966). Conocemos la trama de la película: un fotógrafo descubre, magnificando una imagen que tomó clandestinamente, un crimen. Pronto dudará, sin embargo, de lo que sus ojos aparentemente le muestran (donde creyó ver un cadáver, el cadáver desaparece; donde creyó develar sus imágenes, han sido eliminadas). Sabemos algunas cosas: el filme de Michelangelo Antonioni fue inspirado por un cuento de Julio Cortázar, “Las babas del diablo” (puede leerse en Las armas secretas, de 1959). El fantasma de Cortázar, se sabe, permanece en un cameo de la película (aparece en una fotografía). A su vez, el cuento del argentino fue inspirado por una fotografía tomada por el chileno Sergio Larraín Echenique, de acuerdo a lo escrito por Fontcuberta en Blow Up Blow Up: “En una estancia en París, poco antes de conocer a Henri Cartier-Bresson, que lo anima a colaborar en Magnum, [Larraín] toma a escondidas una foto de una pareja de enamorados acaramelados en la Île Saint-Louis”. La idea de que una máquina antes que ayudarnos a registrar fielmente la realidad, a través de una amplificación o algún otro tipo de alteración, a verla o escucharla trastocada, no sólo sería retomada posteriormente (ver por ejemplo Blow Out de Brian de Palma, de 1981 o The Conversation, de Francis Ford Coppola, de1974), sino que ya es un tópico (otro argentino habría de explorar las brechas con la realidad que provoca la fotografía argéntica, Bioy Casares, con La aventura de un fotógrafo en La Plata, de 1985).

En el libro Blow Up Blow Up (Periférica, 2010) Fontcuberta explica cómo, durante una estancia en la Universidad de Harvard, volvió a los fotogramas de Blow Up en los que el fotógrafo se “desquicia” con la amplificación, para, a su vez, amplificarlos hasta hacerlos invisibles. En el título, además, se aplica de modo inverso y en el texto, este proceso, primero con una críptica introducción —a veces, en sus referencias, incomprensible o ilegible— y luego con un postfacio insistente pero legible, con el que cierra el título (estos dos textos fueron escritos por Iván de la Nuez).

¿Qué verdad revela, entonces, estos procesos de amplificación e insistencia? Algo que hoy parece obvio pero no es trivial: cualquier imagen lleva en su seno la serpiente de la inevitable falsedad.

 

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