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De vacaciones por la vida
Memorias no autorizadas del pintor Pedro Friedeberg relatadas a José Cervantes.
Trilce Ediciones. México 2011; 431 pp.
Un día su madre le dijo: “Ya no tenemos país”. Era el final de la década de los treinta y la Segunda Guerra Mundial estaba a punto de estallar, condenando de antemano a la familia judío-alemana del niño florentino Pietro Enrico Hoffman Landsberg. El escape de Europa, del nazismo alemán y el fascismo italiano, se materializó al encontrar asilo en México, país que Friedeberg hizo suyo desde el momento en que llegó a una casona porfiriana en la colonia San Rafael. Sobre sus primeras vecinas, recuerda: “Una tocaba el piano y la otra, un fonógrafo en el que hacían sonar los negros discos por ambas caras dándoles la vuelta mecánicamente. El mecanismo a veces fallaba y rompía los discos, provocando mi hilaridad y la congoja de las hermanas”.
Anécdotas así, de una precisión casi inverosímil para los que crecimos viendo la televisión y recordamos apenas viñetas de nuestra infancia, inundan, o más bien, constituyen por completo las memorias de Pedro Friedeberg, pintor surrealista que recientemente recobró fama e importancia después de su gran retrospectiva en el Palacio de Bellas Artes.
Friedeberg nos relata la vida en la ciudad de México de los años cincuenta como quien nos platica una divertida historia a la hora del té, recordando desparpajadamente las minucias de sus relaciones con artistas, galeristas, amigos y demás personajes extravagantes de una vibrante ciudad en la que grandes comunidades de inmigrantes encontraban su lugar, o se construían uno, dentro del panorama cultural de su nuevo país.
Los detalles de su amistad con Mathias Goeritz, su opinión acerca de Luis Barragán (a quien no estimaba demasiado, por mocho y poco original) y la aparición en apenas unas cuantas páginas de Aldous Huxley, Helen Escobedo, Leonora Carrington, las amantes de Henry Miller, Remedios Varo, Cantinflas, Maurice Evans, Gore Vidal, Tennessee Williams, María Félix y Dolores del Río (por decir unos poquísimos nombres) hacen de esta lectura un placer emocionante al mostrarnos la vista tras bambalinas de ese mundo, otrora divertido, delirante y excéntrico cuyos productos artísticos, cinematográficos y literarios hoy reverenciamos.















