Black Rebel Motorcycle Club – Specter at the Feast Abstract Dragon – 2013

By on marzo 1, 2013
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Temperamentales y en constante exploración, rondando del rock garage turbio al blues espeso, y al folk desértico con tintes de fe renovada. Cada entrega de Black Rebel Motorcycle Club sorprende, quizá a veces más por sus inesperados bandazos estilísticos —en su mayoría bien abordados—, que por la “novedad” o “pericia” en sus composiciones, situación siempre superada por la honesta crudeza que le imprimen a su sonido (especialmente en directo, con los chamarrones de maleante cincuentero de cuero negro que usan). Tal es el caso de Specter at the Feast, su séptima entrega y segundo autolanzamiento, un interesante recordatorio de por qué a mediados de la década pasada eran de esas bandas que atrapaban en su mayoría a clavados. Su álbum anterior, Beat The Devil’s Tattoo (2010), fue su primer intento de condensar el sonido espeso y aquella actitud confrontacional llena de enojo adolescente jamás resuelto de sus primeras entregas con la psicodelia de bajo perfil y el sentidísimo country blues polvoriento del Howl, y aunque quizá lleno de buenas intenciones, reconozcámoslo, se sentía disperso, cansado y distraído. Tres años después, Specter at the Feast nos enfrenta a un BRMC replanteado, obligado a recimentarse tras un profundísimo golpe al centro de la banda: la muerte de su técnico de sonido, el exlíder de The Call y padre del codelantero Robert Levon Been, en plena gira de su disco anterior. Specter at the Feast es en su núcleo un disco de duelo: desde el primer sencillo, “Let The Day Begin”, (un cover al sencillo más exitoso de la banda de su padre, la original uno de esos numeritos tan recurrentes en los ochenta de rock gringo, triunfante y esperanzador en unos Estados Unidos arrasados gustosamente por los Reaganomics, con coristas, piano eléctrico y guitarras trinantes, acá reconvertido en un tributo mucho más emotivo, lleno de coraje, fuerza y un poco de mugre) a las sobrecogedoras y sentidas “Lullaby”, “Returning” y “Shining in the Light”. Pero también como duelo provechoso obliga a mirar al pasado, retomar lo bien logrado y avanzar como lo muestra el blues amargo de “Hate the Taste”, el garage enojado de “Teenage Disease” y “Funny Games”, que condensa todo el rock decente de la primera mitad de los noventa. Una muy apreciada vuelta a las formas comprobadas por la banda, ampliados por lo que parece ser esta generalizada reapreciación tanto del shoegaze como del rock góspel con organitos de los Spiritualized.

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RodrigoAlcocer

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