Ocho visiones del arte contemporáneo

By on febrero 14, 2013
8visiones

El deseo de conocer, entender y dialogar con la gente creativa con que se comparten un espacio y tiempo es una noción fundamental que sólo en las artes ha visto nacer vanguardias, grupos, movimientos y acciones que se gestan a partir de la afinidad de visiones. Esta serie de entrevistas germina a partir de ese mismo deseo de conocer y compartir las ideas de quienes en este momento se encuentran realizando acciones significativas en las artes de la ciudad. El hecho que sean mujeres es simple casualidad, posiblemente atribuible a una afinidad inconsciente, primigenia, o al simple hecho de que cada vez son más las que, desde distintas plataformas, contribuyen al enriquecimiento de las artes en nuestro tiempo.

La selección puede ser leída como un acercamiento de lupa a un universo de voces fundamentales en la apertura de espacios, líneas críticas, la generación de nuevas lecturas e investigaciones, la inclusión de artistas e ideas que renuevan el espíritu de lo contemporáneo en cada uno de sus aspectos y que permiten que exista una multiplicidad de voces y micrófonos abiertos para reflexionar acerca de lo que somos hoy. Esta renovación del panorama artístico y cultural de la ciudad, este renacimiento y consolidación de la mal llamada “escena”, permite no que haya más artistas, sino que haya más pensamiento, más discusión, más crecimiento. Publicaciones como ésta y quienes llenamos sus páginas somos un eslabón en esta cadena de espacios y esfuerzos que se emprenden a contracorriente por la necesidad de dirigirnos a un cierto lector y comenzar un diálogo. Las mujeres que a continuación entrevistamos emprendieron también estos esfuerzos y encontraron a los interlocutores que enriquecieron el diálogo en distintos ámbitos.

Para hablar, microscópicamente, de este momento en las artes seleccionamos a dos artistas, dos curadoras, dos editoras y dos galeristas. Quedaron fuera, tal vez dando pie a una segunda parte, críticos, académicos, promotores, gestores y periodistas que completan este extraño mundo “del arte”. Julieta Aranda, Marcela Armas, Sol Henaro, Sofía Olascoaga, Sara Schulz, Analía Solomonoff, Mónica Manzutto y Pamela Echeverría nos abrieron las puertas de sus espacios de vida y trabajo para contestar con franqueza este cuestionario hijo de la curiosidad ingenua —y totalmente aspiracional— por las motivaciones y recuerdos que las han llevado a recorrer los caminos que por distintas razones reconocemos y admiramos. El espacio es limitado y las entrevistas están, a veces brutalmente, abreviadas. No obstante, espero que sirvan para generar curiosidad acerca de las iniciativas, proyectos y espacios que se mencionan; comprensión acerca de la labor de cada una de las entrevistadas en tanto elementos de un sistema que a veces resulta obscuro y/o risible para el espectador; y finalmente apertura y reconocimiento del potencial que cada uno tiene dentro del mundo del arte en una de las ciudades culturalmente más sofisticadas del mundo. A continuación, presentamos a apenas ocho de sus personajes más importantes.

Julieta Aranda

Julieta Aranda

“La medida del cambio.”

Julieta Aranda (1975) suma cada año a su currículo exhibiciones individuales y colectivas en todo el mundo. Las más prestigiosas bienales y los más experimentales espacios han albergado su combativa obra. En ella, la artista reflexiona acerca del tiempo y cuestiona las narrativas del sistema en que se inscribe su trabajo. En 1999 fundó junto con Anton Vidokle e-flux, uno de los foros de discusión más sofisticados del mundo occidental del arte, en el que se publican ensayos o se promueven distintos proyectos. Cada día, e-flux (a través de Art Agenda) envía de uno a tres correos electrónicos a sus más de 90,000 afiliados. El alcance de lo que sin duda es también su “obra”, una sola de sus obras, ubica a esta artista como una fuerza dentro de nuestro panorama urbano, a pesar de que sus centros de operación estén en Berlín y Nueva York, ciudad desde la cual nos concedió unos minutos vía Skype.

¿Qué es lo más estimulante de tu trabajo?
Todo. Hay partes horribles, como ser mi propia secretaria, pero eso no es tanto parte de mi trabajo, sino como el peso que viene con él. A la hora de estar haciendo arte es igual de estimulante tanto tener una idea como ejecutarla.

¿Cuál es el primer recuerdo que podrías relacionar con lo que haces?
Tengo una memoria muy fuerte de las primeras experiencias estéticas que tuve, que fueron con pinturas, y a partir de la enciclopedia de arte que había en casa… Me acuerdo estar viendo el… ¿qué fue? Una pintura bastante menor norteamericana, que es un cuadro de unos traders que están en el Mississippi, dos personas como en una canoa, el río muy quieto y hay un gatito en la pintura, ése, un cuadro del Bosco, un cuadro de Brueghel… Me crearon una experiencia estética, un tipo de sensación para la que no tienes palabras porque tienes cinco años y no es definible todavía. Y no es que esté relacionado, que por esa sensación me haya dedicado al arte, sino que siempre se me quedó una intriga dentro que eventualmente salió en que me convirtiera en artista

¿Recuerdas algún viaje que haya cambiado tu perspectiva de vida?
Claro, me fui a Nueva York por tres meses a los 17 años. Quería hacer un cortometraje —mi vocación original era cineasta— había ahorrado, me fui a hacer mi cortometraje, lo hice, con él me dieron una beca para estudiar cine, y me cambió la vida.

¿Consideras que la educación formal fue esencial para que te convirtieras en artista?
No. Lo que estudié en la universidad fue cine, hice una maestría en arte después me di cuenta de que me lo pude haber ahorrado. Le debo mucho dinero a Sallie Mae, que es la corporación que lleva los préstamos para estudios superiores, y cada mes que tengo que pagar esa cuenta, me parece el gasto más estúpido que he hecho en mi vida.

¿Cuál fue la lección más importante que aprendiste en la escuela?
Una cosa que es muy importante, que no viene de la escuela, sino tiene que ver con de dónde viene mi trabajo, es la idea de no caer en rutinas de producción fácil, no irme por lo que sé que me sale bien, seguir tomando riesgos con el trabajo y que siempre signifique algo, no caer en la cosa de hacer eye candy.

¿Qué es el tiempo?
Es la medida del cambio.

¿Cómo recuerdas tus días en La Panadería?
Una maravilla. Good times.

¿Te sientes identificada con el concepto de arte político?
Pues… me gustaría que lo definieras, pero uno podría decir que todo el arte es político.

¿Qué fue lo último que viste en México que te sorprendió positivamente?
SOMA.

¿Cuál es tu ciudad favorita?
En la que estoy en el momento.

¿Qué hiciste entre el último vuelo entre Berlín y Nueva York?
Leí la mitad de un libro de Kurt Vonnegut que se llama Galapagos y vi dos episodios de Futurama.

¿Qué te haría volver a México?
Las ganas de no pasar inviernos.

Marcela Armas

 

“El arte tiene sentido en tanto está ligado a la experiencia vital.”
Marcela Armas (1976) es la única artista que me ha hecho sentir algo cercano al síndrome de Stendhal. Su obra “Resistencia”, en la que un filamento metálico incandescente (resistencia calefactor) que describe la línea fronteriza entre México y Estados Unidos se enciende al rojo vivo cada vez que un espectador se acerca, me quitó el aliento hace unos años en una oscura sala del Museo de la Ciudad. Su sensibilidad está enclavada en la vida, en los problemas que todos compartimos, en las verdades abstractas que objetiva, o en las realidades objetivas que convierte en poesía. En plena mudanza, entre obras empaquetadas y herramientas, Marcela nos recibió en su casa-estudio en la Santa María la Ribera, colonia porfiriana que la ve partir hacia Tepoztlán.

¿Qué es lo más interesante de tu trabajo?
Una de las cosas más estimulantes y gratificantes son los procesos de conocimiento, el que cada proyecto que uno inicia significa un nuevo camino de relaciones con personas que se dedican a diferentes investigaciones y disciplinas y ahí hay un camino que se abre. Por otro lado, el tema de la colaboración, yo he ido a lo largo de un proceso en el que comencé trabajando más sola, sí en colaboración con Gilberto (Esparza) y con gente más cercana a mí, y ahora estoy en un proceso en el que se está involucrando gente de otros ámbitos para colaborar en un proyecto, en un desarrollo que la idea es que pueda aportar algo a la sociedad.

¿Qué es lo más aburrido de tu trabajo?
La parte administrativa, dentro de todo lo que uno hace también está la cuestión contable, el papeleo, las cosas que a mí no me gusta hacer, y a veces es un poco agobiante pero hay que hacerlo. Con el tiempo uno va entendiendo que es parte de la vida.

¿Consideras que la educación formal fue esencial para que te convirtieras en artista?
Es todo un tema para mí. Creo que en este momento es algo en lo que estoy reflexionando mucho, porque el proyecto que estoy haciendo toca el tema de la escuela y estructura social por la que todos pasamos, y sí creo que ahora está haciendo replantearme muchas cosas sobre mis propios esquemas como ser humano, los prejuicios y los paradigmas que en el camino uno tiene que ir modificando, pero no creo que fue la única cosa; siento que la vida tanto global como circunstancialmente va llevando a las personas hacia una elección. En el ámbito familiar hubo experiencias que me llevaron a buscar un entorno de acción creativa, de buscar nuevas formas de ver la vida y el estado de bienestar.

¿Alguna vez has sentido algo similar al síndrome de Stendhal frente a una obra de arte?
Sí lo he sentido, pero no cuando he estado expuesta frente a una obra de arte. Para mí la categorización… yo hago arte y es un quehacer desde cierto punto de vista, podría incluso decir que es un oficio; es un trabajo de mediación, pero para mí el arte tiene sentido en tanto está ligado a la experiencia vital.

¿Cuáles son los artistas que te hicieron querer ser artista?
Nunca he tenido un referente tan fuerte desde el mundo del arte; podría mencionar algunos, pero tanto como haber encontrado un artista como tal que definiera mi rumbo, no. Creo que más personas allegadas a mí, la experiencia de estar cerca de ellas, lo ha ido definiendo. Puedo pensar en mi familia, en especial mi hermana: ella tiene un problema de retraso mental y yo estuve prácticamente toda mi vida muy de cerca con ella y es alguien que siempre me ha enseñado mucho.

¿Te sientes identificada con el concepto de arte político?
Cada vez más, sí. Me he dado cuenta de que la política es algo inherente al ser humano, creo que todos hacemos política: emitir una opinión es política, las acciones son políticas, desde las acciones que pensamos son mínimas, por ejemplo, dejar abierta la llave del agua… hay una intención que desde mi punto de vista es política, y creo que sí, el arte es político.

¿Qué es lo que más te gusta de la cultura contemporánea?1
Me gusta la diversidad de manifestaciones en todos los sentidos, no sólo en el arte sino los movimientos de resistencia social, los nuevos modelos de vida, de pensar, de gente que somos tan diversa, que estamos en este proceso de aprender a vivir juntos en comunidad.

¿Qué fue lo último que viste en México que te sorprendió positivamente?
Me encantó el movimiento estudiantil #yosoy132, creo que a muchos nos sorprendió. Creo que es una muestra de que hay un espíritu en la gente de verdadero cambio social, más allá del impacto real al corto plazo.

  1. 1.             Pregunta extraída del cuestionario creado por Another Mag.
  2. 2.             Ídem.

 

Sol Henaro

 

“El verbo contagiar me encanta, es una ruta que me rige.”
Sol Henaro (1976) es la curadora de la colección del Museo Universitario de Arte Contemporáneo, MUAC. Los objetos que la rodean, sus cuadros, las fotos que la acompañan sobre una antigua máquina de escribir detrás de su enorme mesa-escritorio nos cuentan la historia de quien en los años noventa comenzó a preocuparse por la historia no oficial del arte mexicano, esa mancha informe que hasta hace muy poco narraba un relato incompleto que iba del muralismo a Gabriel Orozco sin desarrollo de por medio. Su palabra secreta es “memoria”; parece que se la recuerda cada día, ya sea que vaya al MUAC a constituir el relato historiográfico de su colección, o al Museo Reina Sofía, donde curó la sección dedicada a nuestro país en la actual muestra Perder la forma humana. Una imagen sísmica de los años ochenta en América Latina.

¿Qué es lo más estimulante de tu trabajo?
Ser con otros… El verbo contagiar me encanta, es una ruta que me rige. El contagio no como algo negativo, médico, sino algo más bien que se transmite, que pulula y quién sabe a quién le tocó y esa persona a ver qué hace y desde dónde… Ese no control de las cosas me estimula mucho.

¿Qué es lo más aburrido de tu trabajo?
La administración, la gestión, es una parte que no es tan estimulante y que sin embargo es necesaria, que es muy importante hacerla… En el MUAC es fundamental hacer gestión con recursos, hacer que esa intervención en el relato historiográfico suceda, pues tiene que pasar por muchas instancias también. Es la parte que menos me atrae, pero de la que no te puedes escapar; incluso en la autogestión, es algo que tienes que hacer siempre.

¿Cuál es el primer recuerdo que podrías relacionar con lo que haces?
Cuando conocí a Germán List Arzubide, el estridentista, tendría como 22 o 23 años y era una clase para la universidad: teníamos que investigar sobre movimientos literarios y nadie quería agarrar el estridentismo porque nadie sabía qué demonios era eso. Yo lo agarré, tenía un novio que trabajaba en el FONCA, entonces le pedí que me ayudara a investigar si vivía alguno… y vivía German, entonces conseguí su teléfono, le hablé, lo fui a ver, era un 2 de noviembre, además lo llegué a ver con mi pan de muerto… les di mucha ternura. Creo que fue uno de los primeros momentos en que dije: “¿Cómo nadie me había hablado de esto? ¿Cómo no sabíamos de esto en la universidad?”. Fue el primer momento en que dije que hay algo de la producción humana en este contexto que no pasa por el relato oficial y no deja de ser importante, y cuando uno se conecta con eso sabes que quieres seguir buscando a los grupos, o a los individuos que se movieron con ese mismo interés desde la víscera, desde la emoción, y no nada más eso, también con una cosa racional superinteresante. Siento que… todo lo que sigo haciendo tiene que ver con eso, con voltear hacia atrás y tratar de ver qué hubo ahí, no nada más en esta cosa de justicia historiográfica de acomodar los tomos, sino decir: “¡Miren! Hay cosas del pasado inmediato que tal vez nos permiten conectarnos mucho más directamente con nuestro presente”.

¿Recuerdas algún viaje que haya cambiado tu perspectiva de vida?
Me marcó mucho la única vez que fui a la India, eso me trastornó porque fue encontrarte no con el mundo occidental… Cuando fui a la India me impactó esa manera de vivir, de entender el cotidiano, la religión y todo.

¿Cuál es la lección más importante que aprendiste en la escuela?
Quizá una lección indirecta fue esto del estridentismo, no haberme ido por lo más conocido… a partir de entonces no doy nada por hecho.

¿Cuál es la lección más importante que aspiras dar, desde la academia?
Volvería al contagio. Cuando he dado seminarios, cuando he dado clases en la Esmeralda, ahora que voy a dar este (seminario) en Jumex, yo no soy quién como para esperar que pase algo muy específico; esa parte de encorsetar el conocimiento, “lo que tendrías que ser”, no soy quién para decirles qué tienen que ser… Espero que nunca lo haga sin querer… Cuando estoy en ese espacio como docente me interesa más (ser) una persona que posibilite, no que ancle, que tenga la capacidad de escucharlos, de yo crecer con eso y también ser capaz de descolocarme y ser humilde ante eso.

¿Qué es lo que más te gusta de la cultura contemporánea?
La posibilidad de cruzar tantos territorios, que ya no es esta cosa tan específica de las disciplinas del arte visual. La filosofía por otro lado, las ciencias sociales, en la producción contemporánea me parece que es increíble cómo se pueden ir borrando los bordes y tomando de las disciplinas las herramientas que te parezcan necesarias.

¿Qué es lo que menos te gusta de la cultura contemporánea?
La falsa pretensión, la arrogancia de mucha gente… pero eso es de la gente en general, la petulancia, el sentirse eje del mundo es una postura que me da pereza.

¿Está de moda la historia?
Puede ser, en el arte contemporáneo se pone todo de moda cinco minutos. Creo que sí, hay un interés auténtico de mucha gente a nivel internacional trabajando en ello, pero ese interés ha empezado a ser por otro tipo de instituciones e instancias que lo están llevando hacia otra esfera, que ya no es el interés auténtico, sino como el “deber ser”, ahora parece que tienes que encausar tu trabajo hacia eso. Ahorita decimos historia o revisión, pero han pasado treinta mil nociones y conceptos que surgieron de una manera muy bonita, muy rica y muy auténtica, y que después fueron malentendidos.

¿Todo el arte es político?
Sí, yo creo que sí.

¿Cómo se hace una colección de arte?
Si respondo dentro del MUAC, se hace desde la investigación, sin olvidar que estamos haciendo una colección razonada desde la UNAM, que no es el MUAC a solas en el arte contemporáneo internacional… El INBA y la UNAM tienen otras responsabilidades y tenemos que hacer un ejercicio más imparcial para ir revisando qué voces tienes que convocar en este intento por generar un enunciado de memoria; ya no nada más de tus gustos e intereses, sino sobre lo que ha pasado en las décadas e igual tengo que considerar gente que nunca me había interesado pero que… no soy quién para decir “no, éste se queda fuera”.

¿Cómo nació la muestra Perder la forma humana…?
Perder la forma humana… surgió como uno de los proyectos de la Red de Conceptualismos del Sur de la que formo parte. Había un interés por preguntarse sobre los años ochenta, justo porque ya se había visto mucho hacer revisiones sobre los setenta —que no es que esté agotado, una de las cosas que me estimula es saber que nada está agotado, saber que hay treinta mil versiones de equis cosa, pero que siempre es posible plantear la mirada desde un lugar distinto— y aquí lo que interesaba era analizar ese periodo después de la euforia de todo lo que se ha hecho de revisiones sobre las dictaduras latinoamericanas y tal, ver de qué manera los ochenta se habían aventado los problemas para bien y para mal, qué lugar tuvo la Guerra Fría, en fin, leerlo desde diferentes reflectores o miradas con el pretexto de revisar la producción visual. Y México entra como uno de los subcapítulos. Yo hice mi mapeo pensando mucho en la contracultura, en el Museo del Chopo, en el Tianguis del Chopo, qué lugar había tenido la música, el Salón Dés Aztecas, cómo se iban permeando tantas cosas, qué publicaciones había, por qué La Regla Rota, La Pus Moderna, si esto o aquello…

<h3<Sofía Olascoaga

 

“La lección más importante fue que si a mí me interesaba algo, me tocaba irlo construyendo con la práctica.”
Entre la utopía y el fracaso es el título de la investigación con la que Sofía Olascoaga (1980) ganó la beca de investigación y producción artística que otorga la galería CDA Projects en Estambul. Su propuesta busca indagar acerca del paso por México del filósofo austriaco Iván Ilich, fundador del Centro Intercultural de Documentación (CIDOC), que en los años sesenta trajo a nuestro país a pensadores de la talla de Erich Fromm o Susan Sontag. Su infancia, su formación familiar y sus primeros recuerdos han marcado una importante pauta para éste y otros proyectos de esta brillante curadora, cuyo interés principal está en los cruces entre pensamiento crítico, la educación y la acción colectiva. En el camino ha creado ya sea programas educativos de museos, proyecciones de documentales y mesas redondas para decenas de grupos artísticos de la ciudad, en lo que parece una carrera por recuperar el espíritu de lo colectivo, la experiencia del equipo. Después de pasar varios años fuera de México, Sofía nos recibió en su semiabandonado estudio, entre libros y folletos —una hoja con consejos sobre cómo trabajar mejor: distingue el sentido del sinsentido—, publicaciones de art:21, serie que promovió en México hace unos años, la cuidada edición de su tesis de licenciatura y un amplio escritorio antiguo sobre el que desarrollará su ambicioso proyecto de investigación.

¿Tu vida es tu trabajo?
No, mi trabajo tiene que ver con mi vida. Sí hay un vínculo directo y cada vez más, al menos en este momento, hay un vínculo muy claro en algunos aspectos de mi vida como mi historia personal, como vínculos afectivos, profesionales, que están presentes en mi trabajo. Además de ese espacio, hay otros ámbitos de mi vida que no están únicamente relacionados con mi trabajo.

¿Recuerdas algún viaje que haya cambiado tu perspectiva de vida?
El primero más importante fue un viaje familiar en un verano largo en el que mi papá fue invitado a dar clases a la universidad en Provo, que es una ciudad chiquitita y donde está la base de la comunidad mormona, Brigham Young University. Estuvimos un verano durante tres meses en el campus mientras mi padre daba clases y yo iba a la escuela de verano… Fue un viaje que tenía los retos de acercarme a otro contexto cultural, aprender inglés, moverme sola en el campus a los siete años, que era algo que yo no hacía en Cuernavaca, que era donde vivía entonces, y también por otra parte, reconocer la distancia y la exclusión en esa diferencia de contexto. La curiosidad y la posibilidad de aprender, y el distanciamiento, la inaccesibilidad. Y el último viaje, mi último año y medio fue como un largo viaje…

¿Cuál es la lección más importante que aprendiste en la escuela?
Una de las lecciones más importantes que aprendí tenía que ver con reconocer que no había, por lo menos en ese momento, ninguna infraestructura, sobre todo laboral, a la cual yo me sumaría. Lo que quería hacer no cabía en la práctica artística, ni en los programas de historia del arte, ni en las versiones de curaduría más convencionales. La lección más importante fue que si a mí me interesaba algo, me tocaba irlo construyendo con la práctica.

¿Quién era Iván Ilich?
Era un filósofo y teólogo austriaco que después de terminar sus estudios de doctorado en la Universidad Pontificia de Roma se fue a vivir a Nueva York, y entró en contacto con las comunidades puertorriqueñas de Washington Heights y se maravilló por el encuentro intercultural y por reconocerse en una comunidad tan ajena. Luego consiguió irse a Puerto Rico como vicerrector de la Universidad Católica de Ponce, donde estuvo otros cinco años, y en todo ese proceso fue concibiendo un proyecto, que era el Centro Intercultural de Documentación, y tenía que ver con ampliar esta noción de interculturalidad y de estudios críticos ligados a eso. Después de estar en Puerto Rico llegó a Cuernavaca a abrir formalmente el CIDOC, que se volvió un centro de intelectuales que tenía dos caras. Por un lado, y en el principio de su concepción, recibía misioneros americanos y europeos que venían a Latinoamérica y les daba el curso de introducción al contexto cultural, histórico y al idioma; y por otro lado, se fue convirtiendo, por las propuestas de pensamiento crítico que Ilich venía desarrollando hacía tiempo, en un punto de atracción para intelectuales de muchas partes del mundo que se fueron interesando en participar de estas discusiones que hacían análisis críticos a raíz de la manera en que se institucionalizaban ciertos ámbitos de la sociedad moderna y se creaban relaciones de dependencia en torno a la educación, la administración del trabajo, la distribución de la energía, entre muchos otros temas… Me fascina la cantidad de personas que pasaron por el CIDOC, pero sobre todo, la potencia de una serie de iniciativas y de líneas de pensamiento crítico que parece que están ligadas a muchos movimientos que se dispararon en distintas líneas: en educación, en movimientos sociales, en propiedad de la tierra, en organización del trabajo y del propio conocimiento.

¿Cómo desarrollaste este proyecto?
Me di cuenta de que (la) necesidad de abordar los procesos grupales venía de mi experiencia de un proyecto de vida comunitaria que hicieron mis padres en Cuernavaca, que duró casi cinco años y que se disolvió después, y que había mucho de esa experiencia en la forma en que yo estaba buscando ser parte de procesos de trabajo grupal y colectivo en el arte. Entonces decidí que tenía que abordar esa experiencia a fondo, y 25 años después de que se disolvió el proyecto de vida comunitaria, supe que la información que yo tenía de eso era una memoria entre infantil e infantilizada y menos actualizada sobre cómo había surgido, funcionado, fracasado y operado ese proyecto hecho por mis padres y otras familias. Me dediqué casi todo el 2011 a volver a contactar a los que habían sido los miembros, a abrir un canal de comunicación 15 años después de no verlos y a recuperar archivos, documentos, fotografías, a volver a recorrer los espacios donde había sucedido esa comunidad, los que siguen activos, porque fue como un proyecto prolífico del que se derivaron otros… Y me di cuenta de que parte de las referencias que ellos habían tenido, aunque no había una afiliación directa, sí había una influencia por parte de lo que Iván Ilich y el CIDOC habían hecho veintitantos años antes… El proyecto en el que estoy trabajando ahora se llama Entre utopía y desencanto (y) trata de integrar las dos cosas: por un lado, las preguntas que yo me planteé y que quise abordar en este interés de conocer más este proyecto que habían articulado mis padres con las otras familias y en el que yo crecí; y por otro lado, tratando de ampliar las preguntas a otros proyectos y a otras experiencias que estaban presentes en la memoria colectiva ligadas a Cuernavaca en distintas etapas.

¿Qué fue lo último que viste en México que te sorprendió positivamente?
Vi la exposición de Tania Candiani en el Laboratorio Arte Alameda y me dio mucho gusto ver la concreción de un proceso de investigación y maduración artística que me tocó ver en distintas etapas anteriores. Me gustó la puntualidad y la concreción de un gran proyecto con una serie de ejercicios de producción. Me ha gustado la energía de algunos proyectos o procesos, más que la producción en concreto, los procesos de discusión de Cráter Invertido o de Grupo D.

Sara Schulz

 

“… no eres ni una editorial ni eres un proyecto de arte… de alguna manera tienes que inventar todo el tiempo ese lugar y es lo más gratificante sí encontrarlo.”
Filósofa, editora, bibliófila. Su visión y experiencia han sido esenciales para que el proyecto artístico Alias, de Damián Ortega, se haya convertido rápidamente en un respetado referente para el mundo editorial por su congruencia y contundencia. Sara Schulz (1980) escribió su primer libro a los seis años; dice que lo perdió, que no le interesa escribir, lo que quiere es hacer su trabajo tan bien que nadie note que fue ella quien estuvo detrás. Hasta ahora lo ha logrado. La reconocemos por la calidad de su labor y por el futuro que promete en este creciente universo editorial, el de la difusión de las ideas y la historia que le dan cuerpo al arte contemporáneo.

¿Qué es lo más estimulante de tu trabajo?
Lo más estimulante es lo que a la vez puede llegar a ser lo más frustrante, que es este lugar indefinido que tiene un proyecto editorial del tipo no sólo independiente económicamente —que tiene muchas implicaciones en la vida personal—, sino también sin una ubicación concreta en relación con los ejes de las editoriales que viven o con las que convivimos, donde de pronto dialogar o pertenecer o moverse no es tan fácil porque no eres ni una editorial, ni eres un proyecto de arte, entonces de alguna manera tienes que inventar todo el tiempo ese lugar y es lo más gratificante sí encontrarlo.

¿Qué es lo más aburrido de tu trabajo?
No se me ocurre nada (ríe), quizá lo más difícil es la distribución de los libros, que es una cuestión que no tiene que ver con los lectores, sino con una forma muy arcaica que tiene de moverse el mundo editorial.

¿Cuál es el primer recuerdo que podrías relacionar con lo que haces?
Siempre he tenido una gran cercanía con los libros, yo crecí con mis abuelos y había muchos libros en mi casa. Recuerdo meterme debajo de la cama a escribir mi primer libro a los seis años, obra inédita (ríe) hasta esta cuestión de la biblioteca y los libros prohibidos, libros que no eran para niños pero que estaban ahí, y el acercamiento a este objeto numinoso que implicaba un terror por lo que contenía y a la vez una fascinación.

¿Recuerdas alguno de los libros?
Recuerdo que me regañaron por haber leído El amante de Lady Chatterley a los 12 años, y también Isadora Duncan… Yo creo que entendía la mitad pero aún así lo leía.

¿Recuerdas algún viaje que haya cambiado tu perspectiva de vida?
Pues… viaje astral… tiene que ver con los hongos, ir a conocer esta otra parte de México, más allá de la cuestión psicodélica, poner en cuestionamiento o relatividad el significado de la pobreza, donde la gente convive… Y plática y hay un respeto a los mayores y un lugar para los pequeños… Ésos sí son viajes que me transformaron.

¿Consideras que la educación formal fue esencial para que te convirtieras en editora?
Sí, en el aspecto editorial es necesaria una educación formal por el idioma, por la cuestión de la corrección sintáctica, pero más allá de eso, la formación filosófica también pienso que es muy buena para hacer una labor editorial, porque más que corregir planas también es estructurar proyectos y tener la mente para estructurar, y eso sí te lo da un pensamiento digamos ordenado, sistemático, filosófico.

Sin embargo, parte importante de tu formación es el aprender un oficio.
Sí, la edición realmente es un oficio, para mí sí es importante (la educación formal), pero tengo muchos amigos editores que comenzaron a trabajar en el medio editorial a los 18 o 19 años y que tienen una carrera de 20 años en la que nunca necesitaron un diploma. Es gente apasionada por leer, que tiene un conocimiento vastísimo de la literatura y desde ahí aborda la cuestión editorial más que haber cursado equis carrera.

¿Cuál es la lección más importante que aprendiste en la escuela?
Que no es tan importante la escuela. Desde mi punto de vista, el mundo académico me parece muy cerrado y muy irreal. Es un conocimiento necesario que mueve a las sociedades en una dirección, pero también son universos muy endógenos que de pronto dejan de producir.

¿Qué estás leyendo?
Leí recién el libro Los ingrávidos de Valeria Luiselli, Di su nombre de Frank Goldman y Canción de tumba de Julián Herbert, en enero.

Analía Solomonoff

 

“La posibilidad de generar dinámicas creativas entrecruzando la curaduría, el arte contemporáneo, la edición, el diseño gráfico, la gestión… eso es lo que me motiva.”
Analía Solomonoff (1972) transitó del mundo comercial y publicitario del diseño gráfico al de la gestión del arte en la Sala de Arte Público Siqueiros (fue su subdirectora de 2009 a 2012) y desde agosto del año pasado en La Tallera, casa y espacio de trabajo en Cuernavaca de David Alfaro Siqueiros en el que también funge como subdirectora. Las ventas nocturnas de editoriales independientes, el Foro de Ediciones Contemporáneas en el Museo Carrillo Gil, el proyecto de librero móvil Exp/edición y el Encuentro de Editores Iberoamericanos son sólo algunos de los proyectos que ha fundado, promovido y gestionado, y que hoy continúan abriendo espacio para que editores, autores, artistas y sellos editoriales tengan espacios de encuentro, retroalimentación y creación más allá de la venta. La edición como práctica curatorial es el tema de su tesis en la maestría de Estudios Curatoriales que cursa en la UNAM. Su aportación a este campo ya es patente y será cada vez más evidente, como lo demuestra con 251,312,000Todos los libros que hoy existen desaparecerán, exhibición que curó para el Centro Cultural de España y que estará abierta hasta el próximo 3 de marzo.

¿Qué es lo más estimulante de tu trabajo?
Creo que lo más estimulante es la posibilidad de generar dinámicas creativas entrecruzando la curaduría, el arte contemporáneo, la edición, el diseño gráfico, la gestión… Eso es lo que me motiva, la posibilidad de entrelazar una serie de plataformas y también la posibilidad de, en equipo, hacer entrecruzamientos que permitan crear proyectos o exposiciones o eventos, o espacios.

¿Qué es lo más aburrido de tu trabajo?
Lo aburrido es… que siempre hay una realidad, hay un plano creativo lleno de ideas, de posibilidades y de cuestionamientos, espacios críticos y demás que para que se concreten hay que  aterrizarlos y enfrentarse a una serie de elementos logísticos que van desde el espacio, el presupuesto, las dinámicas de trabajo… No sé si lo llamaría aburrido como tal… En realidad, ¿aburrido? en el trabajo, no quisiera sonar pretenciosa pero no hay un espacio así de aburrimiento, simplemente cuando hay que aterrizar puede haber momentos de frustración. Al mismo tiempo es la posibilidad que el plano de la parte creativa, la parte estimulante se concrete y se ponga en juego, más allá de lo que uno siente, piensa, crea, sino que empiece a generar espacios de interlocución. Es la única manera.

¿Cómo se vincula tu formación como diseñadora gráfica en lo que haces ahora?
Vengo del diseño gráfico: imagen corporativa en televisión, identidad, programas, y a la par empecé de manera independiente a, siempre relacionada con amigos artistas, buscar hacer catálogos, y el catálogo de 30 páginas engrapado se convirtió en un libro, pero siempre con un vínculo muy directo con el autor o el artista y generalmente sin la presencia de un editor. La labor editorial se convirtió en un espacio compartido entre el artista y yo como diseñadora, era un espacio de discusión, es decir, no estaba simplemente haciendo el diseño gráfico, sino que tenía interlocución con el artista, hacía edición de fotos, definiía qué entraba, qué salía, el carácter de los textos, cómo se iba a vincular el contenido con la forma del libro… Fue así como surgieron colaboraciones con Laura Barrón, MonDAo Corp formado por Gabriela Rodríguez y Luis Carlos Hurtado y otros, y también a la par hace como siete u ocho años, después de un par de años de colaboraciones, surge en el Centro Cultural La Pirámide la oportunidad de tomar un seminario para editores independientes. Duró tres meses y compartí con varios editores pequeños proyectos que iban arrancando: estaban los editores de Tumbona, una serie de personas que estaban iniciando sus propias editoriales, y empecé a tener una relación más clara con la edición y a fortalecer este binomio diseño gráfico-edición dentro de mi formación. Con ese grupo de gente del seminario surgió la idea de hacer una venta nocturna de editoriales independientes y ahí comenzó esta parte de la gestión, se realizaron seis o siete ventas a lo largo de dos o tres años, y tomé un rol, con un equipo de gente, con Vivian (Abenshushan), con Ricardo Sánchez Riancho de Textofilia y Alfredo, junto con ellos a construir más un colectivo que organizaba estos espacios para difundir y vender (libros de) editoriales que generalmente no encontraban espacios de distribución por una serie de motivos: porque no respondían a una necesidad comercial de las grandes librerías, otros tal vez como una postura, y entonces ahí ya venían entrecruzándose estos tres oficios. Y a la par también, a través del Museo Carrillo Gil e Itala (Schmelz), que conocía mi trabajo y lo que estaba haciendo, me invitó a colaborar con ellos para diseñar el libro de Tercerunquinto, esta exposición curada por Taiyana Pimentel (directora de la Sala de Arte Público Siqueiros), entonces la relación fue muy suculenta entre la curadora, los artistas y yo como un espacio interesante de colaboración, de poner sobre la mesa cómo abordar las imágenes, cómo abordar los textos, cómo hacer la presentación del proyecto, cómo fortalecer el concepto curatorial y el concepto de la práctica artística en un formato editorial, y la verdad que fue un trabajo muy rico que para mí implicó una maduración muy concreta en mi camino como diseñadora, editora y gestora.

¿Sientes que entre más inmaterial, más se fetichiza al libro como objeto?
No creo, porque el libro siempre ha sido un fetiche, más fetiche que los libros de la edad media, que pasaban de generación en generación, o la Biblia. No creo que la tecnología implique eso, aunque no sé a dónde nos va a llevar, pero estamos en un momento donde se publica más que nunca, creo que la parte tecnológica viene a sumarse. Fue un tema de debate en el Foro de Ediciones Contemporáneas, pero en lo personal no es uno de los temas que más me preocupe indagar, convivo con las dos cosas.

¿Qué estás leyendo?
Muchos libros de investigación, para mi tesis en estudios curatoriales, en la UNAM.

Mónica Manzutto

 

“Un gran artista te da la oportunidad de ver el mundo a través de sus ideas y entenderlo de otro modo.”
El 21 de agosto de 1999 se inauguró kurimanzutto, la galería de José Kuri y Mónica Manzutto (1972), con Economía de Mercado, una exhibición en el Mercado de Medellín. La que se convirtió en la galería más importante de México comenzó su camino en un puesto de mercado con obras de Abraham Cruzvillegas, Damián Ortega, Daniel Guzmán, Dr. Lakra, Eduardo Abaroa, Fernando Ortega, Gabriel Kuri, Gabriel Orozco, Minerva Cuevas, Rirkrit Tiravanija y Sofía Táboas. Falta sólo jalar una hebra de su madeja para entender el alcance mundial que convirtió a esta pareja, afín en amores, visiones, planes de vida y apellidos musicales, en una de las más influyentes en el mundo del arte (la lista 2012 de ArtReview los sitúa en el lugar 73).

¿Qué es lo más estimulante de tu trabajo?
El comienzo de la galería fue el resultado de estar cerca de un grupo de artistas muy específico. Para mí lo más estimulante es estar cerca de los artistas.

¿Qué es lo más aburrido de tu trabajo?
Responder e-mails.

¿Cuál es el primer recuerdo que podrías relacionar con lo que haces?
La visita a la exposición de Abraham Cruzvillegas en el 92 en la galería de Benjamín Díaz: ése fue para mí el primer contacto con Abraham, y marca el momento de empezar a entender el mundo a través de esa generación.

¿Recuerdas un viaje que haya cambiado tu perspectiva de vida?
Cuando nos fuimos a vivir José (Kuri), mi esposo y socio en la galería, a Nueva York durante dos años para hacer una maestría, en 97-99, y esa maestría se transformó en algo que revolucionó mi vida por completo. En ese momento estaba Gabriel Orozco viviendo en Nueva York y ya éramos cercanos a él; fue él quien en ese momento concibió kurimanzutto. Comencé a trabajar en la galería de Marian Goodman en Nueva York para aprender cómo funciona una galería, ése fue el momento que cambió por completo mi proyecto de vida, que era otro.

¿Cuál era tu proyecto de vida?
Había estudiado Relaciones Internacionales y estaba en la maestría de Cultural Studies (Estudios Culturales); quería trabajar en cooperación cultural a nivel internacional.

¿Consideras que la educación formal fue esencial para que te convirtieras en galerista?
No, nunca tuve una educación formal en arte. Todo lo fui aprendiendo sobre la marcha, con jornadas larguísimas de trabajo, con intensos momentos de discusión con los artistas.

¿Cuál es la lección más importante que has aprendido en estos años de kurimanzutto?
Yo creo que la lección que constantemente me la recuerdo, porque es lo que rige mi quehacer y mis prioridades, y cómo trabajo, es nunca olvidar las necesidades de los artistas. A partir de ahí puedo estructurar todo mi trabajo.

¿Cuál es tu responsabilidad con el artista?
Varía mucho, cambia por completo dependiendo del artista. En la galería somos responsables por las decisiones que toman, por sus carreras, sus publicaciones, archivos, por la producción de la obras, las exposiciones, por la información que desde la galería difundimos… Es un trabajo muy complejo.

¿Sientes alguna responsabilidad con el espectador?
Realmente la responsabilidad la tengo con el artista y conmigo. Por ejemplo, al hacer una exposición, lo hago lo mejor posible, pensando en que yo entro como un exigente espectador.

¿En qué momento una galería sin espacio fijo se convirtió en esto?
Nos dimos cuenta de que era importante tener un centro de encuentro. Creo que eso lo logramos en este espacio, es un centro de encuentro, la gente viene, tiene acceso a la biblioteca, hemos trabajado muchísimo estos últimos años para tener un archivo y es un material importante para quienes estudian o investigan… Este lugar es quizá de los sitios más importantes de la galería, este jardín y esta cocina, porque aquí es donde nos sentamos, nos emborrachamos, platicamos, planeamos proyectos.

¿Qué momento te ha dado mayor satisfacción a lo largo de todos estos años en kurimanzutto?
Es difícil pensar que hay alguno más importante que otro… En términos de exposición por supuesto la de Economía de Mercado, que fue la primera exposición de kurimanzutto: rentamos un puesto en el Mercado de Medellin, los artistas hicieron obra dentro del contexto del mercado y se vendió a los precios del mercado. La exhibición duró un día.

¿Qué hace a un gran artista?
Un gran artista te da la oportunidad de ver el mundo a través de sus ideas y entenderlo de otro modo.

¿Qué hace a un gran galerista?
Quien trabaja en absoluta complicidad con el artista y se renueva constantemente, pero también es alguien capaz de trabajar y desarrollar la relación con los museos, curadores, escritores y coleccionistas.

¿Qué galerías en México te gustan?
La Galería del Comercio.

¿Qué exposición viste recientemente que te sorprendiera?
La exposición del Dr. Atl en el Museo de la Colección Blaisten en Tlatelolco.

¿Qué estás leyendo?
Nombre de perro de Élmer Mendoza.

¿Qué estás escuchando?
Prince.

¿Qué canción de Prince?
“1999”.

Pamela Echeverría:

 

“Lo que me gusta es la energía que hay ahora por generar nuevos proyectos para que cada vez más gente se suba al tren del arte contemporáneo y haga sus propias iniciativas.”
Pamela Echeverría (1973) es la directora de LABOR, uno de los mejores espacios de nuestra ciudad, tal vez el más contemporáneo por abordar el presente a partir de una compleja red de referencias, investigaciones y colaboraciones que resultan en las sofisticadas obras que cada vez presenta en su amplia galería de la colonia Daniel Garza. La locación no podría ser más elocuente: entre la Casa Luis Barragán y el Metro Constituyentes, dicotómica, posmoderna, compleja y colmada de significados e interpretaciones que resuenan en las historias de Pamela, sus viajes de infancia, sus referencias entre clásicas y pop, entre el gótico y MTV. Nuestra larga entrevista fue víctima de la tecnología; en la segunda toma sus respuestas fueron más sintéticas, no por eso menos interesantes.

¿Qué es lo más estimulante de tu trabajo?
La diversidad de ideas. Toda la carga de conocimiento que los artistas traen con cada nueva pieza.

¿Cuál es el primer recuerdo que podrías relacionar con lo que haces actualmente?
Mi primera venta en la galería OMR. Fue una fotografía de Mauricio Alejo, se la vendí a un joven coleccionista de Monterrey. Le hice una oferta malísima pero estaba muy presionada, porque llevaba dos meses trabajando en la galería y no había vendido nada. Una vez pasó Patricia y me dijo: “Ya tienes que romper el turrón ¿no?”, (ríe) y por eso me aceleré, pero fue muy buen aprendizaje.

¿Recuerdas algún viaje que haya cambiado tu perspectiva de vida?
Cuando era adolescente fui con mi familia a Moscú, fue antes de la Perestroika y fue muy fuerte enfrentarme a esa realidad cuando lo que me interesaba en mi contexto era MTV, ir de compras y todo eso… En Moscú había un mall, el GUM, y pude ver el resultado de la ideología que mis papás promovían: sí había mercancía, había comercio y una moneda, pero no había variedad de productos. Para todos había lo mismo, en la comida también: sí había y estaba muy rica, pero era lo mismo en todas partes: pollo a la Kiev y caviar. En las noches recuerdo que veíamos la tele mi hermano y yo, y los programas eran sobre reciclaje: cómo convertir tu televisión que ya no funciona en otra cosa útil, cómo construir una aspiradora…

¿Cuál es tu responsabilidad con el coleccionista?
Mi responsabilidad es que tanto el artista como yo vamos a trabajar incansablemente para generar valor al trabajo. No estoy hablando sólo del valor monetario, sino del simbólico.

¿Cuál es tu responsabilidad con el espectador?
Que lo que ve en la galería es un trabajo de la más alta calidad que no es producto de una estrategia de marketing.

¿Qué hace a un gran artista?
Talento, ambición, disciplina, conocimiento y, desgraciadamente, egoísmo.

¿Cómo es el arte que te apasiona?
Es el producto de investigaciones largas, de procesos ricos y complejos.

¿Qué fue lo último que viste en México que te sorprendió positivamente?
La ampliación del Museo Tamayo, también el nuevo proyecto de la Colección Jumex (en Plaza Carso), la Galería de Comercio y ATEA… Lo que me gusta es la energía que hay ahora por generar nuevos proyectos, para que cada vez más gente se suba al tren del arte contemporáneo y haga sus propias iniciativas.

¿Qué estás leyendo?
El artesano (The Craftsman) de Richard Sennett.

¿Qué estás escuchando?
Heinrich Schütz, “Schwanengesang”.

F

Share Button
MarisolRodriguez

MarisolRodriguez

MarisolRodriguez

Últimas noticas en MarisolRodriguez (Ver todo)

Dejar comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>