Del fin del mundo al fin del mundo
Regreso. Daniela regresó a la ciudad tras una estancia en el fin del mundo. Estancia que arrancó en abril del 2011 en Huatulco en el crucero Ocean Star Pacific, “primero de capital mexicano”: ella con charola en mano y zapatos de goma para no resbalar, camarote compartido con otra, regaderas compartidas con otros, comida sobrante de pasajeros, descanso oficial una vez al día. “Ocean Star Pacific: el primer crucero mexicano”, letras doradas a la vista de Daniela para presumir su primer trabajo a los 21 años. Pero llegó el fin del mundo y ya no hubo letras, ni presunción, ni trabajo: un incendio como inicio, el motor que se quema al quinto día navegando, sólo ocho kilómetros desde la bahía de Huatulco andando. Habitantes del sótano del barco que lo sabían desde antes, desde que el presidente Felipe Calderón inauguró el barco, desde que las propinas no llegaron pero se fueron: a los policías, inspectores, gobernantes para poder salir sin ese tornillo, sin ese chaleco, sin ese extinguidor. El incendio y luego todo los demás: Daniela con charola en mano y zapatos de goma para no resbalar sobre la tripulación que acosa, siete días de encierro en el barco porque “nada de medios y nada de hablar,” olor a podrido y a perdido, a calor fuera y dentro del barco, a comida poca y vieja con mucha hambre. Luego el desembarco: Salina Cruz para poner los pies y escuchar las balas a lo lejos, puerto para conocer más travestis que romances, otra vez el encierro —en un hotel— y el miedo que marea mientras se arreglan las máquinas. Al barco de nuevo, fin del mundo que no termina: otro incendio, ya con menos paciencia, con menos ganas; tras dos meses, tercera explosión que ya nadie oye, nadie apaga. Incendio que embarca a Daniela a la Antártica: la tierra, allí sí, del fin del mundo. Antártica que para Daniela es nombre y no continente: frío y nieve y hielo y lejanía, harta lejanía. Antártica o antártico o Antártida, que da igual porque es el fin del mundo y es un trabajo y un sueldo y con este dinero arranco mi restaurante. Da igual, se convence, porque aquí me mandan los de Ocean Star Cruises —aunque yo me pague el vuelo— para poder cobrar mi sueldo: 750 dólares al mes desde que se levantaron anclas, “con propinas incluidas” como dijo la compañía a los clientes. Daniela en la Antártida cuatro meses, donde pingüinos más que hombres, donde propinas más que abusos, donde colegas más que corruptos: tierra del fin del mundo que todavía nadie pelea y que todo hombre todavía conquista. Y antes de dejar ese segundo barco la promesa: “la vuelta al sur cuando comience el verano”. Daniela de regreso en la ciudad sabe que el fin del mundo tiene, aún, su propio lugar.
*El Ocean Star Pacific pretendía hacer un recorrido por Puerto Chiapas, Huatulco, Puerto Vallarta, Manzanillo, Ixtapa, Acapulco y Los Cabos. Está varado en Manzanillo desde julio de 2011. Parte de su tripulación se envió al barco Antarctic Dream.
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Cheks
















