El cine mexicano. La selección de Morelia 2011

Al cabo de una semana de sobredosis cinéfila en el Festival Internacional de Cine de Morelia, nuestro colaborador Erick Estrada, también conocido como “El carnicero del cine”, hace un balance, o mejor dicho, le mide la temperatura al cine mexicano actual. Veamos de qué color pinta el panorama…

En la pantalla se dibujaban los personajes de Arturo Ripstein, hundidos como siempre en aires viciados, pantuflas raídas y batas de toalla que pesan a la vista. Y sin embargo, no se ven igual a los de siempre. El polvo eterno de El imperio de la fortuna desaparece, pero la idea de él permanece. Paz Alicia Garciadiego firma el guión de esta nueva historia, Las razones del corazón, pero hay un aire de novedad en los personajes que le conocemos. Y es que el productor es nuevo, Roberto Fiesco, de otra generación, con otras ideas, con un ojo diferente. Ese trabajo en conjunto resume el mejor estado del cine mexicano en estos años, el cruce de generaciones añejas con los nuevos talentos, esos que agregan lo que antes se hubiera considerado herejía.
Durante el Festival Internacional de Cine de Morelia se pudieron ver además, ocho largometrajes mexicanos en competencia, y resulta un gran ejercicio tomar temperatura a esta aún incipiente industria a través de esa selección y tratar de imaginar cuál es el rumbo del cine mexicano, si es que ya cuenta con uno. Las películas seleccionadas y ganadoras de hace un año, e incluso de hace dos, presentaban un panorama enteramente distinto al de ahora, en que se rompe (por lo menos en la selección) con las fórmulas que determinaron a los ganadores anteriores para, quizás, recuperar el contacto y la comunicación con el público.
El cine minimalista y contemplativo no es un invento mexicano ni una tendencia nueva. Fue, sin embargo, el salvavidas de una pequeña generación que en pos de llevar al cine mexicano a los festivales apostó por la negación del montaje e incluso de los diálogos, extremos que lo alejaron del público de manera determinante y dolorosa. Lo extraño del caso es que no se veía en el horizonte una manera de hacer cine distinta a esa pues, ante el poco riesgo de una película sin discurso y de manera paradójica, los festivales en que se presentaron respondieron eventualmente de manera positiva a la marejada de cintas planteadas de esa forma.
Lo malo, porque el lado oscuro siempre aparece, es que en las salas, ante su público, ante la gente que debería recibir el (un) mensaje, esa separación parecía irreconciliable. La comunicación estaba rota y el cine mexicano no le hablaba a los mexicanos. Cintas ovacionadas por la crítica en Morelia, como Los bastardos o Vete más lejos Alicia, se reflejaron después en salas vacías en los cines del país.

Cada director maneja el discurso que le parece más conveniente, pero al ver no sólo la selección de largometrajes mexicanos en competencia de Morelia este año, sino las películas ganadoras, vemos que, o el festival reconsidera su inclinación en años pasados o los directores de este país quieren cerrar la peligrosa brecha que tenía a películas y público en lados contrarios del río.
Detectando ofertas como Nos vemos papá, El sueño de Lu y Mi universo en minúsculas podríamos entender la transición entre lo que otras, con mucho menos discurso visual como Los últimos cristeros y Paraísos artificiales manejan, y un cine quizá sí más convencional, pero mucho más cercano al público, que es a final de cuentas para quien se hace cine, se diga lo que se diga.
La principal señal de esa transición hacia un cine mexicano no solamente bien producido sino con una gramática cinematográfica real, sin interiorizaciones de directores que se hablan a sí mismos, es la elección de las dos ganadoras: El premio y Fecha de caducidad (esta segunda, acreedora al Premio del público). Se trata de películas que demuestran que la metáfora es un elemento poderoso en el lenguaje audiovisual, que sí, cuesta más trabajo hacer una película así, pero que de esa manera el famoso circuito de comunicación (emisor-mensaje-receptor) entregará mejores frutos. Podríamos incluir aquí dos películas más presentes en otros festivales pero que de igual forma encajan en esta transición de planos largos y acciones contenidas, pero que cuentan con una anécdota y la desarrollan audiovisualmente: Miss Bala y Asalto al cine.

En el fondo está la otra esperanza, el cruce de talentos entre contadores de cuentos. Hay gente nueva que se mezcla con la que ya conocíamos y ese será, desde mi punto de vista, la mejor manera de resucitar al cine mexicano: construyendo la estafeta que las vacas sagradas entregarán a nuevos talentos. Las razones del corazón es en sí, el primer resultado de ese experimento.
Películas mexicanas en competencia:
Morelia 2011
Nos vemos papá (Lucía Carreras)
El sueño de Lú (Hari Sama)
El premio (Paula Markovitch)
Fecha de caducidad (Kenya Márquez)
Los últimos cristeros (Matías Meyer)
El lenguaje de los machetes (Kyzza Terrazas)
Paraísos artificiales (Yulene Olaizola)
Mi universo en minúsculas (Hatuey Viveros)
















